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Posted by Rissig Licha on 16 Jan 2012 | Tagged as: Blogs
SANTO DOMINGO—Antes de que pierda la ebullición y que se enfríe es hora de meter la cuchara en la SOPA (Stop Online Piracy Act, la pieza legislativa que pretende proteger los derechos de autor en la blogósfera cuyo debate ha quedado pospuesto por el Congreso de los Estados Unidos de América). Este caldo que domina la mesa de discusión está calentando el debate entre dos bandos: uno que abandera la protección de la propiedad intelectual y, el otro, que reclama la defensa de la libertad de expresión.
Lo que ni uno, ni mucho menos el otro, de los bandos quiere admitir es que, lejos de ser una discusión sobre dos derechos fundamentales es, a decir verdad, un debate sobre cómo comercializar bienes y servicios en la red. En realidad, lo que se debate es la respuesta a tres preguntas fundamentales: 1) ¿Qué es mío?, 2) ¿Qué métodos deben emplearse para proteger la propiedad intelectual? y 3) ¿Cómo defender la libertad de expresión de aquél que, sin afán de lucro, hace uso de la propiedad intelectual de otro?
Observo este debate con algún grado de fascinación, cierto nivel de anticipación más poca expectación de que a la postre concluya, de una vez por todas, con la discusión relativa de cuál ha de ser el protocolo de protección de la propiedad intelectual y de la libertad de expresión en la blogósfera. Esa discusión, de seguro, ha de seguir como plato principal aun cuando ya la SOPA se haya consumido pues el negocio en juego no es cosa de juegos.
En un polo de la discusión están los libertarios que se adhieren a la filosofía de que todo lo que se accede a través de la red debe ser gratis. No comparto esa visión por varias razones. Primero, porque esa ilusa creencia no toma en consideración que aún aquello que aparenta ser gratis y, por ende, de todos, como el aire, cuesta energía pulmonar. Por consiguiente, nada, en realidad, es gratis. Y, segundo, porque todo autor debe ser compensado por aquello que es de su autoría.
El otro polo plantea que todo debe tener compensación y que todo tiene su precio, claro está, fijado por, ¿adivinó?, ellos mismos. Es decir, yo valoro la propiedad intelectual no porque ésta sea de su creador sino porque representa un beneficio para mí. Cervantes publicó el Quijote en el 1605. Cuatrocientos años más tardes ¿de quién esta obra? ¿De las casas editoras o del dominio público? Ni un Cervantes, ni tampoco un Saavedra han de tocar un solo euro de su venta. Entonces, ¿es justo que alguien se beneficie de la propiedad intelectual del Manco de Lepanto o que, por el contrario, todos tengan libre acceso a la vertebral obra de la literatura castellana?
La tecnología ha creado nuevos formatos de comunicación a través de la red que, además, han venido a sazonar aún más el tema de la autoría del contenido y la auto denominación de quién es quién en el tráfico de información en la blogósfera, amén de quién debe cobrar y cuánto debe cobrar por el contenido. A materia de ilustración creo pertinente que revisemos los siete tipos de manejadores de contenido digital que he definido a raíz de lo que he podido observar en la red.
Creador—aquél que crea un contenido original y lo difunde a través de cualquiera de los medios sociales que operan en línea.
Curador—el que cuida del contenido original de un creador y, en algunos casos, lo mejora aunque siempre dándole crédito al primero y velando por la fiel adhesión a los argumentos y preceptos de su creación previo a su diseminación.
Colaborador—la persona que aporta ideas, conceptos o información suplementaria a un creador o a un curador así enriqueciendo el material a ser difundido.
Cotilleador—aquel que usa la red para difundir chismografías, algunas válidas otras inválidas pero, por lo general, todas vanas.
Comercializador—el que se dedica a título personal, como creador, o como agente, en este caso, curador a buscar un beneficio por el contenido que publica en la red.
Copiador—el que indiscriminadamente copia contenido de otros para compartir con sus amistades y conocidos sin ningún fin comercial.
Contrabandista—aquel que conscientemente utiliza contenidos no autorizados por sus creadores o curadores para lucrarse con su diseminación a través del internet.
No tengo ningún problema con las primeras cinco ces. Y, hasta cierto punto, tampoco me molesta mucho la sexta ce. Más con la última es con quien sí tengo gran discordia. No es aceptable bajo ningún concepto que alguien se lucre de otro porque simplemente se le antojó. Si bien la libertad de expresión debe de respetarse, también la propiedad intelectual.
El problema con la SOPA servida está en qué métodos han de emplearse para proteger los derechos de autor. En la medida en que se logre un balance entre ambos no hay problemas. No obstante, la vida nos acondiciona, desde sus primeros instantes, que los poderosos han de dominar a los menesterosos. Ejemplos de ello abundan por doquier. Fuertes sobre débiles. Ricos sobre pobres. Dominantes sobre sumisos. Así también ha venido a subyugarse el debate sobre quiénes y cómo ha de ser gobernado el contenido en la blogósfera.
Es por ello, que va a haber SOPA para rato, particularmente, porque estamos ante una coyuntura en la que los que se pelean la supremacía de la red son todos poderosos. Mientras tanto, los únicos débiles, aquéllos que como yo viven para escribir y escriben para vivir tratan de sobrevivir un debate en el que, si bien pueden terciar, es poco lo que han de poder determinar más allá de meter la cuchara en la SOPA.
Posted by Rissig Licha on 07 Jan 2012 | Tagged as: Blogs
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