December 2011
Monthly Archive
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Posted by Rissig Licha on 18 Dec 2011 | Tagged as: Blogs
MIAMI—La subjetividad impera en las artes. Lo que es estético para algunos resulta aborrecible para otros. En consecuencia de ello, el precio de las obras nada tiene que ver conque si son apreciadas por unos y despreciadas por otros, basta que a alguno le interese y el precio aprecia de acuerdo al grado de interés que éste demuestre. Un tradicionalista nunca aceptaría al grafiti, o arte urbano como algunos suelen calificarle hoy en día, más un progre admiraría al diestro del aerosol como si fuera uno de los grandes maestros en la historia del arte.
Igual suerte corre el vaivén del mecenazgo que, en parte, sostiene las grandes instituciones e instalaciones culturales. Aunque el apoyo, de raíz solidaria o por utilidad tributaria, es siempre bienvenido no siempre es recibido de la misma forma. Algunos son aplaudidos más que otros, otros son murmurados y, unos pocos hasta llegan a ser rechiflados. Todo es cuestión de apreciación, depreciación, aceptación y la ocasión. Sino, pregúntenle al urbanista Jorge Pérez.
El inmigrante, responsable de gran parte de los esculturas de acero y hormigón que hoy marcan el lienzo que retrata el perfil de una ciudad, la de Miami que, apenas una generación atrás, contaba con pocas figuras erectas que marcaban su horizonte, ofreció una aportación de treinta y cinco millones de dólares para el Museo de Arte de Miami (MAM) con un pequeño requisito: cambiarle el nombre a la institución a, ¿adivinó?, El Pérez.
En esta ciudad en la que, con el devenir del tiempo, Jacinto Benavente hubiera encontrado material fértil para nutrir el verso de Crispín, el pícaro protagonista de la obra más conocida del dramaturgo español, Los Intereses Creados, no es raro que alguien quiera graficar su legado dándole su nombre a cualquier ente público. Calles, avenidas, museos, salas, alas y parques han sido bautizados con el nombre de todo tipo de figuras—benévolas o malévolas, qué importa, si a la hora de la verdad tienen y cuentan con lo necesario como para lograrlo. Y esa ha sido la costumbre. De hecho, tal ha sido el desenfreno con el que se han otorgado estas nominaciones que algunas han tenido que ser retiradas tras la entrada a cana del figurón de turno.
Por ello, que Jorge Pérez quiera darle su nombre al MAM no puede ser considerado una sorpresa. Lo que sí ha sorprendido es que. en una ciudad tan liberal como Miami, voces hayan exteriorizado su oposición al Pérez. Quizás piensen que es un nombre demasiado común. Desconocen que Pérez, el Rey del Mambo, o el legendario ratoncito, que siempre sucumbe al chantaje que todo niño iberoamericano sueña con la pérdida de cada pieza de marfil, cuentan con gran admiración. Para éstos, de seguro, el Pérez resulta demasiado pedestre. Para otros, el hecho de que los contribuyentes de Miami que, de seguro cuenta con varios Pérez, pagaran tres veces más que lo que pretende Jorge es suficiente evidencia de que papeleta venció a menudo.
Pero Pérez, sigue en su mambo. Y, ¿por qué tanta obsesión porque Pérez sea el nombre del museo? El ratoncito ha de dejarle a Pérez, además de un crédito fiscal, un sitial en la posteridad urbana de Miami al darle su nombre al MAM. Es decir, deja un grafiti para que las nuevas generaciones de miamenses conozcan de la obra del urbanista. Gústele o no. Como no le gusta a muchos que Pérez pretenda cambiarle el nombre al museo. Al final, ¿logrará Pérez perdurar? Nadie sabe con certeza. más bien haría Pérez si recordara el parlamento insignia de Crispín en la obra de Benavente, “Mejor que crear afectos es crear intereses”. Y, he ahí, adónde Pérez se equivocó, confundió al menudo con la papeleta y no preparó su papeleta para la elección.