November 2011
Monthly Archive
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Posted by Rissig Licha on 21 Nov 2011 | Tagged as: Blogs
SANTO DOMINGO—El buen caldo se beneficia del añejamiento más aquél de menor calidad, por más tiempo que se le dé, no tiene posibilidades de remontar su inferioridad. Esa máxima enológica aplicada a la política explica, en gran medida, el porqué de la debacle electoral del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
El oficialismo español no siguió una fundamental regla en el manejo de toda crisis: actuar sin demora, actuar con firmeza y, sobre todo, actuar para calibrar las expectativas de aquellos afectados por ésta. José Luis Rodríguez Zapatero prefirió darle tiempo al tiempo con la esperanza de que el propio tiempo fuera a resolver un problema de mayor proporción que la que nunca imaginó.
Tardó más de lo que, a todas luces, era propio en reconocer una crisis que cobraba puestos de trabajo a diario. Hablaba una y otra y otra vez de unos brotes verdes que nunca llegaron a brotar y que hoy explican por qué el pueblo ha decidido no volverle a votar. Al final, tiró la toalla y, con ella, lanzó a su partido y con él a su candidato, Alfredo Pérez Rubalcaba, al vacío.
El día del concurso electoral, apenas horas luego de que, tanto en Grecia como en Italia, caían gobiernos democráticamente electos por virtud de un golpe del capital, la crisis económica en España sumaba más de cinco millones de parados. Esa, precisamente fue, casi al voto exacto, la distancia numérica entre el PSOE y el Partido Popular (PP). No había que ser experto en política, ni mucho menos un sociólogo de renombre para saber por qué.
Mariano Rajoy llega a la Moncloa con poco margen de acción. Si de algo le sirve la clase magistral que acaba de dictar Rodríguez Zapatero en cómo no regentear la crisis es, primero, reconocer que no hay soluciones mágicas. Ni Harry Potter es capaz de resolver con su varita mágica éste entuerto. Atento a ello, tiene que atemperar las expectativas de aquéllos que le votaron y que hoy esperan el cambio.
Rajoy tiene que hacer entender al pueblo que España sólo tiene un nuevo timonel de Estado. Ni más, ni menos. Nada más ha cambiado. Los mercados siguen nerviosos. Los banqueros, cómplices de gobernantes botarates que dilapidaron las arcas públicas, siguen tras más garantías. La Unión Europea impone más condiciones. Y, en la calle, sin trabajo, el pueblo clama porque se pare el paro.
Lo segundo que tiene que hacer Rajoy es explicar cómo es que si sólo se recaudan tres euros no se pueden gastar seis. Es decir, tiene que imponer un rigor en el gasto que, en gran medida, fue lo que disparó la crisis que hoy amenaza el futuro no sólo de las economías europeas sino de la propia Unión Europea como organización política.
Por último, el mensaje desde Palacio debe de ser un mensaje desprovisto de triunfalismos electoreros y de propuestas populistas para alimentar al clientelismo y al asistencialismo que, llevado al extremo, producen crisis como las que hoy vivimos. No se puede prometer lo que no se puede dar.
Esas tres pautas han de ser fundamental si es que Rajoy quiere evitar un desenlace similar al de Zapatero. Si el discurso con el que aceptó el triunfo que le eludió en dos ocasiones anteriores y que, con justificación debió de haber dado pie a una gran euforia sirve para medir la retórica del nuevo oficialismo, entonces arrancó bien. Parco, sobrio y medido—sabios acompañantes de ruta por caminos empantanados—fue Rajoy en el empleo de sus palabras, utilizando un tono que ha de servirle bien pues lo menos que puede hacer es prometer un cambio instantáneo—algo que ni es posible, ni mucho menos probable en el corto plazo sin una buena vendimia. Sin ella no habrá buenos caldos.
Posted by Rissig Licha on 15 Nov 2011 | Tagged as: Blogs