August 2011
Monthly Archive
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Posted by Rissig Licha on 21 Aug 2011 | Tagged as: Blogs
SANTO DOMINGO—El abecedario, ese ropero que acopia signos que, al codificarlos en versos, avivan amores y dan razón a la vida, sin el cual sería mudo el recuerdo y nuestra propia existencia estaría carente de contextualización, es depósito también, en el más oscuro de sus recovecos, de algunos vocablos que, a decir verdad, me causan una instantánea picazón alérgica pues son empleados en sopas, caldos y sopones de letras por que emanan de fogón de grandes disimuladores en los que suelen verter sus ignorancias, verdaderas intenciones, escasos conocimientos o limitados talentos.
En esa trastienda del armario de nuestro abecedario cuelgan voquibles de común uso que lejos de definir lo que en realidad debieran disfrazan la propia esencia de lo que en su origen fue su objeto. Fashionista. Intelectual. Innovador. Estadista. Excelencia. Eficiencia. Eficacia. Exótico. Gourmet. Fusión. Diez palabras o términos que, por su mal uso o sobre utilización, provocan un brote de urticaria en cualquier ser sensible al mal empleo de la lengua y el uso selectivo y discriminador de palabras en textos o conversaciones en las que dónde debieron decir digo, nos hablan de Diego.
Fashionista. Un concepto de extracción anglosajona utilizado para describir a todo aquel que pretende ser considerado como experto en aquello de estar al día sobre qué es lo que está de moda día tras día en el exuberante mundo de las modas. Más, en la mayoría de casos, como muy bien sentenciara Oscar de la Renta, aquellos que usan ese apelativo para describir a todo el que está inserto en el mundo de las modas le emplean mal pues, lejos de ser conocedores de las modas son “víctimas” de tendencias, cambiando más de piel que un camaleón y perdiendo todo tipo de identidad propia. Donde de la Renta fue más diplomático, Versace fue más despiadado: “Cuando una mujer cambia su imagen demasiado de una temporada a otra, es porque se ha convertido en una víctima de la moda”.
Intelectual. Este es un término para referirse a todo aquello que pertenece o es relativo al entendimiento. La expresión, acuñada en Francia a finales del siglo XIX durante el Caso Dreyfus, fue empleada para describir a los expertos en la ciencia, el arte y la cultura que apoyaban la liberación del capitán judío Alfred Dreyfus en defensa de su acusación de traición. Más hoy en día, ya sea por inseguridad o por esnobismo, muchos así se autodenominan para distinguirse de todos los demás mortales, perdiendo de perspectiva que, en mayor o menor grado, todos somos intelectuales. Si bien algunos tienen mayor o mejor coeficiente intelectual, no por ello todos los demás dejan de tener intelecto.
Innovador. Alguien que innova. La creación o modificación de algo que, por sus características o funciones, llega a convertirse en un nuevo referente. Este es un vocablo que suele ser mal empleado por todo aquel que lo utiliza para referirse a algo nuevo. Una cerveza nueva, por sí sola, no es una innovación. Por el contrario, una cerveza, sin alcohol, en su día, lo fue porque rompió el paradigma tradicional al desalcoholizar la centenaria bebida producto de la fermentación de granos y, al así hacerlo, marcó un cambio fundamental en la industria.
Estadista. Un conocedor y experimentado de los asuntos de Estado y de la política. José Ortega y Gasset en Mirabeau planteó inequívocamente que la característica esencial de un estadista es tener una idea clara de lo que, desde el Estado, se debe hacer por la nación. Ello plantea la necesidad de gobernar pensando no en la próxima elección sino en las futuras generaciones. Hoy en día, sin embargo, cualquier gobernante que hace un periplo oficial por varias capitales, no importa que en el halla visitados más Palacios del Jamón que Palacios de Gobiernos, es catalogado de estadista, algo que dista mucho de lo que debe ser el comportamiento u obra oficial de un verdadero estadista.
Excelencia. Eficiencia. Eficacia. Una trilogía que, con demasiada periodicidad, se emplea en ensayos trípticos para catalogar el éxito de una gestión. La primera describe la actitud, comportamiento o calidad superior que hace digna de especial aprecio o estimación cualquier operación. La segunda representa la capacidad de conseguir un efecto determinado, simplemente lograr algo como, por ejemplo, llegar a la meta. La tercera, define con mayor precisión la consecución del efecto que se desea a través del operativo acometido. Más con frecuencia, particularmente, en iniciativas de comunicaciones, vemos cómo se califica como excelente, eficiente y eficaz un esfuerzo simplemente por el hecho de haberlo completado sin complicaciones. Ello desconoce que, eficacia, la tercera de las palabras es la clave toda vez que, precisamente, lo que más importa en toda gestión es alcanzar el efecto deseado. Y, en aquellos casos en que no ha sido alcanzado de nada vale haber ejecutado con precisión el operativo ni empleado eficaz como calificativo en donde se debió haber usado eficiente.
Exótico. Elemento de aquello que procede de un país lejano, extraño, chocante o extravagante y hasta, en algunos pueblos, se emplea como nominal de una bailarina. En más de una ocasión escuchamos a algunos referirse a las orquídeas como una exótica especie. Lejos de ser exótica, la orquídea es bastante común si bien abunda en el Trópico no es menos cierto que existen en casi todo el mundo. Por ello, ¿en qué consiste su extrañeza? Peor sucede con aquellas a las que se le refiere como bailarinas exóticas una disimulación social para describir lo que, en realidad, es un baile erótico.
Gourmet. Es una persona conocedora de la gastronomía que tiene la habilidad de catar las comidas. Acepto, sin reservas, esa definición. Más pretender, puramente por beneficio mercadológico, describir una comida como gourmet en desmedro de otra que no tiene ese sello descriptivo parece ser un guiso extraño. Primero, porque tan gourmet es un proletario canelón como un burgués foie gras
Fusión. Palabra que describe la acción y efecto de fundirse que, de una fecha para acá, describe una nueva corriente gastronómica que como un tsunami barre todo lo que tiene por delante en un común caldo de distinta composición a la de sus ingredientes individuales. Y, como si ello fuera poco, nos quieren hacer creer que este mezcolanza, este mejunje es merecedor de ser exaltado a la gran gastronomía.
Por ello, el día que un intelectual estadista del brazo de un innovador fashionista con eficiencia nos presente un exótico manjar gourmet como un producto de excelencia de su cocina de fusión habré de decirle, sin cortapisas: “Mire, su excelencia, esa sopa de letras que malversa el idioma con brotes de una lengua tóxica no es plato de mi preferencia“.
Posted by Rissig Licha on 18 Aug 2011 | Tagged as: Blogs
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