July 2011
Monthly Archive
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Posted by Rissig Licha on 24 Jul 2011 | Tagged as: Blogs
MIAMI—Años de observar las aristas, el quehacer y el tejemaneje del discurso público de los políticos han desembocado en el convencimiento que, ya sea en español, francés o inglés, todos nos hablan en lenguas. Algunos son más deslenguados que los otros que, aun cuando aparentan ser más cautos y sosegados, igual forman parte de la misma logia en las que, todos apelan y emplean un léxico tan complejo y codificado para decir digo cuando, en verdad, lo que quieren decir es Diego, que desconciertan hasta al más renombrado experto en retórica y semántica. Ello queda meridianamente claro en el debate, en país tras país, de qué hacer con la quiebra económica de la administración pública.
El bando opositor acusa el gasto desmedido y sin control del oficialismo por la debacle y pide moderación. El gobierno señala a la insurgencia de actuar, por consideraciones electorales, como freno a reformas necesarias para allegar más recursos al Estado para estimular, desde lo público, la economía que no acaba de arrancar. La culpa no es mía, es tuya, más pierden de perspectiva que todos los que antes estuvieron en el Poder y los que hoy lo ejercen colaboraron al descalabro fiscal que afecta a tantas sociedades que hoy están en quiebra.
Ninguno se atreve, ni por equivocación a hablar sobre tres grandes verdades: 1) los modelos económicos dependientes en grandes empresas—ya sea en lo público, como en lo privado—ya no tienen la capacidad de creación de empleos necesaria para dinamizar la actividad económica, 2) la práctica del empleo del clientelismo y el asistencialismo para perpetuarse en el poder es, a la postre, una mala inversión para el país y 3) la arraigada aceptación de la corrupción, impune y sin consecuencias para la banda de beneficiados, despilfarra recursos públicos en proyectos particulares que en nada atienden las prioridades y necesidades del pueblo.
Los modelos económicos—tanto el gigantismo de Estado como el desmedido liberalismo de lo Privado—fundamentados en la defensa, a ultranza de los poderes fácticos, ya sean éstos de corte estalinista o de proveniencia capitalista, cumplieron su cometido pues, lejos de crear la actividad y empleos producto de su cometido ya éstos no tienen ya la capacidad para atender las necesidades de una nueva economía en la que más del 70 por ciento de los empleos lo crea la pequeña y mediana empresa. Pero tanto los estatistas como los privatistas se hacen de la vista larga a la hora de atender ese sector que, además, representa la mayoría de las sociedades democráticas en las que impera la capacidad emprendedora de pueblos bajo el régimen de la libertad de empresa. Pero nadie habla por los chiquitos, ¡ni ellos mismos!
Ninguno se atreve, ni por equivocación, a decir que gastó demás, que administró deficientemente los recursos que les fueran confiados, ni que permitió una rampante corrupción que desvalijó las arcas del Estado. No lo hace el oficialismo porque ello sería una confesión. Ni lo hace la oposición porque o cometió los mismos pecados cuando ocupó el Poder o, secretamente, relame la posibilidad de contar con su propia piñata. Y, desgraciadamente, con gran frecuencia cuando uno señala la cuña en el ojo ajeno el otro habla del tablón en la córnea del otro. A la postre, da lo mismo, son iguales y su verso si bien emplea otro verbo es, sin remedio, el mismo.
Esa camaleónica conducta, tarde o temprano, pierde su encanto y, en definitiva, cuando el hastío popular alcanza ser mayoría esta fuerza le pone fin a la inconsecuente verborrea oficialista en busca de una fresca bocanada más que de oratoria de claridad y transparencia en la gestión pública. Más el cambio nunca se produce. Por ello, con razón, tantos están indignados.
Pero los que hoy están indignados, entre los que me sumo, hay más de uno, por no decir casi todos, que también tienen una gran responsabilidad por permitir que este vil baile de máscaras políticas siga sin desenfreno. Primero, porque han dejado que los partidos políticos tomen de rehén a la administración de lo público. Segundo, porque al eximirse de participar en el proceso político dejan en manos de minorías la decisión sobre las mayorías que componen las fuerzas vivas de los pueblos. Finalmente, porque tampoco articulan con gran claridad cuál es la solución que debe dársele a la problemática nacional. Hablan de generalidades pero tampoco tienen propuestas sólidas. En definitiva, también hablan en lenguas y bailan al mismo son en el mismo variopinto baile de máscaras. Y todo ello sucede en momentos cuando todas nuestras sociedades lo que necesitan es ¡Más cuentas claras y menos cuentos de hadas!
Posted by Rissig Licha on 23 Jul 2011 | Tagged as: Blogs
Posted by Rissig Licha on 16 Jul 2011 | Tagged as: Blogs