April 2011
Monthly Archive
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Posted by Rissig Licha on 13 Apr 2011 | Tagged as: Blogs
SANTO DOMINGO—En el discurso público coyuntural, que por desgracia está a flor de labios de muchos pobladores de la industria de las comunicaciones, prima la sobreimposición de un leit motif—la tan pregonada frase sobre el fenómeno de la revolución de los medios sociales—hoy responsable, según algunos, de todo, desde la vertiginosa desaparición de la prensa en papel hasta la disolución de la dictadura de Hosni Mubarak.
Ese mismo discursillo pone al relieve con gran rimbombancia cuánta ignorancia abunda sobre la descripción, realidad, hábitat, población, códigos de conducta, lenguaje y, sobre todo, el uso y utilidad de la blogósfera para una persona, gobierno, institución, organización o empresa.
El coro de voces compuesto por aquellos que, a prima facie, de acuerdo al estrambótico título de sus tarjetas de presentación pasan como digerati, se desvanece con sus cánticos pues éstos ponen al descubierto el hecho de que el ruido que emana de sus cuerdas vocales lejos de ser melódico resulta ser disonante por el grado de oscurantismo y analfabetismo digital que el mismo devela y que es, precisamente, responsable de que los encargados de las disciplinas comunicacionales—tanto el periodismo, como la publicidad, las relaciones públicas y hasta el mercadeo directo—estén dando tantos palos a ciegas.
De hecho, tras oírles disertar sobre la temática queda claro que el canto que entonan es propio de un disimulador digital pues, donde dicen digo debieron decir Diego, evidenciando síntomas de un malsano majarete intelectual que les lleva a liar el conocimiento con el entendimiento, la interconectividad con la interacción, la estrategia con la táctica y hasta la eficiencia con la eficacia.
Esta mala praxis profesional es producto del desenfoque digital que permea el entorno y que es agravado por la miopía que emana del pensamiento verbalizado de estrategias plasmadas a través de desacierto tras desacierto con el que van poblando la blogósfera. Y es que la raíz del problema radica en que estos seudo gurús insisten en utilizar las mismas soluciones de ayer que hoy resultan ex tempore y poco efectivas, según queda refrendado por las grandes fallas que saltan al ojo en los portales, las páginas, blogs y tuiteos que llenan el ancho de banda de la blogósfera.
Estos almirantes de la navegación comunicacional son los mismos que, luego de recurrir a arcaicas cartografías evocativas de un mundo plano y unidireccional para trazar su estratégica hoja de ruta suelen sorprenderse al no obtener los resultados deseados al navegar por la mar de un nuevo mundo multidimensional e interactivo.
¿Por qué ese desenfoque? Por la falta de entendimiento de cómo es que opera la blogósfera y porque, ni siquiera, toman en consideración que esa misma carta de viaje de su propia autoría fue la que sirvió de guía para una inadecuada arquitectura de mensajes que, a su vez, trasladaron, tal cual, de sus formatos tradicionales de presentación sin consideración de cuáles eran las especificaciones técnicas del nuevo fondeadero ni que era lo que buscaba o interesaba la audiencia objetivo en el puerto de destino antes de que la nave comunicacional se estrellara contra el rompeolas de la opinión pública.
Ese desenfoque, similar al que llevó al genovés Cristóbal Colón a tropezarse, por casualidad, con las Indias pobladas por caribes aun cuando su destino objetivo de ruta eran las riquezas de especias de la exótica India—equivocación que lejos de merecerle la marginación le agenció el diplomado como el Descubridor de América aun cuando, a decir verdad, estaba más perdido que un juey bizco—es el que para muchos marca la travesía de sus comunicaciones con una estupefaciente arrogancia de mando, a distancia claro está, por aguas desconocidas que solo habrán de llevarle al puerto equivocado si es que no naufragan antes.
Y como si ello fuera poco insisten en medir como éxito la eficiencia de haber llegado, de haber completado la travesía y de tener presencia en la red, proclamando su eficiencia aun cuando estén en el puerto errado o se hayan llevado por delante el astillero, ni importarle que no alcanzaron ni por asomo el impacto con su presencia o el nivel de aceptación de su mensaje por parte de aquéllos que ignoraron su verbo en el nuevo ancladero.
“Estamos en la red”, nos vociferan desde el mástil mayor, “somos digeratis. Hemos conquistado los medios sociales” sin siquiera darse cuenta de que la red en la que están no es otra más que una telaraña tejida al estilo de un camisón, de los de fuerza, que le habrá de inmovilizar en sus burdos intentos por llevar a la tierra prometida a aquéllas personas, marcas, instituciones u organizaciones a las que les han comendado sus comunicaciones.
Estos comunicadores no han llegado a entender la diferencia entre el mundo unidimensional y unidireccional de ayer y el multidimensional e interactivo de hoy, ni la diferenciación entre presencia y contundencia, ni entre eficiencia y eficacia. ¿Por qué? Porque simplemente recitan como un mantra el verso sobre la importancia de estar presentes en los medios sociales sin haber reflexionado, ni mucho menos entendido que no todos, por el mero hecho de coexistir en la blogósfera, son iguales ni todos logran resultados similares como tampoco lo fueron en el siglo pasado la prensa gráfica, la radio y la televisión.
Al igual que cada puerto se distingue de cada otro puerto, cada medio se distingue de cada otro medio. Y claro está, en la cartografía comunicacional que demanda la blogósfera el GPS nos transparenta hoy, más que nada, que cada medio o puerto tiene su encanto propio—no es lo mismo estar presente en Facebook como estar en LinkedIn tal como no es lo mismo llegar a Veracruz y pedir un Pisco como llegar al Puerto del Callao y demandar una Margarita. Por consiguiente, cada puerto en la blogósfera, cada medio tiene su propias especificaciones y uso objetivo.
En busca de ruta, Google. A la hora de presencia, un sitio web. Si queremos cotilleo, nada mejor que Facebook. Los de vocación paparazzi, Flickr y los de foco de mayor metraje, YouTube. Si buscan drama, Hulu. Al seguir pares, LinkedIn. Cuando hace falta un clarín, Twitter. Para reflexionar, un Blog. Y, a la hora de discusiones serias, Ted.
Más no basta con reconocer lo que distingue el perfil y, por su definición y características, la audiencia que cada uno de estos portales concita. No, también es necesario tomar en cuenta los hábitos de esos internautas amén del tiempo que suelen navegar por el contenido en oferta pues, en definitiva, la blogosfera es una ágora digital de productos y servicios, entre éstos, el contenido—didáctico, informativo o de entretenimiento—que compite en un mercado con un ordenamiento social distinto al que tradicionalmente hemos estado acostumbrados.
Por consiguiente, hay que poner en perspectiva la alharaca sobre la revolución de los medios sociales. Primero, porque la ignorancia no quita pecado. Segundo, porque hay que desenmascarar todas las falsedades, entre estas la de la desaparición de la prensa gráfica—negocio que ha perdido vigencia por lo aburrida que es su oferta—y el hecho de que la caída de Mubarak no fue por el poder de Twitter—aunque éste si ayudara a convocar a la oposición, sino porque el pueblo egipcio, finalmente, se hartó de sus arbitrariedades.
Si llegamos a entender eso, podemos cambiar el rumbo de las fallidas comunicaciones digitales de hoy. Pero para ello, hay que dejar a un lado las obsoletas cartografías de un mundo plano para navegar con un sistema global de navegación por satélite o GPS como se le suele conocer. Y, en consecuencia de ello, lo primero que hay que entender es que la pontificia era del mensaje unidireccional ya pasó y, en consecuencia de ello, esos mensajes no funcionan. Además, si no se está en condiciones de comprometerse con todo lo que conlleva navegar por un mundo interactivo es mejor arriar velas antes de zarpar en un aventura a lo desconocido arriesgándose a un naufragio digital.