MIAMI—A la hora de tratarse el tema de las comunicaciones en cualquier foro todos, sin excepción, suelen considerarse competentes. Algunos por virtud de su gestión, otros en atención a su experiencia, muchos porque opinan sobre todo y, la gran mayoría, sin ton ni son, porque hablan y, todo el que habla, es un comunicador. Flaco servicio le hace tanto uno como el otro a una disciplina tan fundamental para la interrelación humana más ahora, como si no hiciera falta más confusión en esta discusión, académicos norteamericanos plantean un nuevo modelo para el manejo de rumores: menospreciarles, darles la espalda, obviarles y hablar de otra cosa

El trío—Derek Rucker y David Dubois, de la escuela de gerencia Kellogg de la Universidad de Northwestern en Chicago y Zakary Tormala, de la escuela de negocios de Stanford—establece que el ninguneo de los rumores es la mejor arma para combatirles. Por ello, según la troika, repetir una acusación para que en esta era digital los motores de búsqueda de la Internet accedan a la réplica es lo peor que se puede hacer.

Rucker, según la revista The Economist, señala que de acuerdo a los estudios que llevaron a cabo la gente que lee las explicaciones suele olvidarse de la aclaración y recordar sólo el rumor. La cadena de progresión de un rumor, según los peritos, sigue esta secuencia: En un principio, “No estoy seguro si es cierto, pero he oído…” Seguido de, “Oí que…” Para convertirse en “Sabías que…”

La repetición de un rumor, según el estudio concluido en el 2009, titulado “El fracaso en la transmisión de la certeza” y citado en la edición del 10 de febrero pasado por The Economist, no altera el mismo lo que sí muestra un cambio es el nivel de escepticismo con que es recibido. Es decir, en la medida en que se repite, disminuyen las objeciones a su aceptación.

La respuesta de estos sicólogos al rumor plantea rodearles con un constante flujo de mensajes positivos sobre la persona, empresa, organización o gobierno cuestionada para así ahogar y sofocar al rumor. Los tres olvidan el viejo refrán que viera luz por vez primera mediados del siglo XVII en El Criticón, la obra del jesuita aragonés Baltasar Gracián y sirviera de título para la obra de Tirso de Molina: “Quien calla otorga” que en la obligatoria adaptación digital de la blogósfera castiga al que ningunea pues lo relega al olvido. Por consiguiente, si bien es importante mantener un flujo de noticias que logren equiparar el volumen del discurso público no es menos importante mantener a raya el cotilleo con una rotunda negativa, pues obviar las frivolidades, ni las hace desaparecer, ni las hace menos graves, independientemente de lo que digan los tres sicólogos.