December 2010

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Cuentan que ya los cuentos chinos no cuentan como antes para vivir del cuento

Posted by Rissig Licha on 10 Dec 2010 | Tagged as: Blogs

SANTO DOMINGO–Cuentan que el Censo, que censó pero no cesó porque a la hora de cesar la cuenta no cuadró, no debe ser otro cuento más de los cuentistas y menos cuando el propio pueblo a censar se ha dado cuenta de que esa cuenta es sólo un cuento más de una antología de cuentos de camino que pretenden hacernos creer aquéllos que más cuentan. El censo a cuentagotas que no parece que se agota pues no hay censadas las casas que había que contar ha dado margen a que nos cuenten por qué el conteo no ha sido como habían contado los contadores.

Pero el cuento del censo no es el único cuento en la colección de fascículos producto de la fantasía literaria de un ilustrado cuentista que han salido a la venta para el aprovechamiento de los coleccionistas en esta temporada en la que contamos con celebrar nuestras más arraigadas tradiciones populares. En consecuencia de ello, hay más explicaciones a contar en una semana caracterizada por una caterva de cuentos que sólo sirven para honrar la tradición oral de un pueblo que, indigesto por tanto cuento, empezó a decir: ¡Basta ya!

Al cuento del censo hay que sumarle el cuento de que la educación cuenta y, porque ésta cuenta, hay que ponerle en su cuenta el cuatro por ciento del Producto Interno Bruto pero debido a qué los que cuentan no cumplen con la Ley no hay dineros en la cuenta de la educación que, a lo mejor si los tuviera, quizás el cuento del censo hubiera terminado de otra cuenta.

La fábula del cuento del cuatro por ciento, el mismo que sirvió para sumarle votos a la cuenta del cuentista, los mismos que contó para expandir su prolija producción literaria, forma parte hoy, debido a la vulneración de un compromiso y la violación de su propia Ley, entre los cuentos más conocidos incluso entre aquéllos que por la incompetencia y el desmedro oficial para con la educación apenas pueden leer el cuento. Esos se han enterado del cuento por la vía más efectiva: la propia tradición oral de un pueblo contador.

Más sin embargo, déjenme contarles que, ¡adivinó!, hay más cuentos que contar. Nos cuentan que no hay más dineros para la educación porque hay otras apremiantes obligaciones, entre éstas el Metro que, lejos de ser un medio de transporte se ha convertido en la leyenda preferida de un cuentista que pretende medir el grado de educación y progreso de un pueblo con un metro en vez de con un mejor nivel de calidad y compromiso para con la educación.

El metro será más chico, no porque los recursos que han ido a alimentar el hoyo fiscal al que ha contribuido vayan a la cuenta de la educación para educar a los chicos. No, el metro será más chico porque no puede ser más grande pero, no se preocupen, a diferencia del censo que censó pero no cesó cuanto tenía que cesar, éste sí estará listo para febrero del 2012, fecha que coincidentemente, según me cuentan, habrá de ocurrir a sólo noventa días del próximo conteo electoral—lo que confirma que para lo que cuenta, hay cuenta.

Lo más insólito es que nos cuentan todos estos cuentos en la misma semana en que nos cuentan que las cuentas del país están mejor que nunca antes en la historia desde que se llevan las cuentas. Sí, así nos han contado. Las cuentas de la economía, las mismas cuentas que no producen lo suficiente para pagar las cuentas, entre éstas la de la educación, ni para que el megalómano proyecto del Metro pueda contar con más paradas, esas mismas cuentas de la economía nos cuentan que, aunque el metro sea más chico, crecimos un robusto siete por ciento.

El mismo contador que nos cuenta el cuento del desempeño económico, ese mismo ilustre fabricante de leyendas, en una segunda entrega nos cuenta que, no sólo crecimos sino que lo hicimos muy saludablemente pues las cuentas nos indican que la inflación apenas llegará a un seis por ciento.

El cuento del milagro de los panes y los peces, los mismos panes que aparecen en una cuenta del Estado sin pagar a la legión de las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMEs) panaderas que nutren de pan al desayuno escolar, palidece ante la magia literaria del cuentista oficial. Sólo seis por ciento de inflación en un país en el que cuentan que la divisa nada más se desvalorizó cerca de un ocho por ciento. Alicia en el país de las maravillas es un cuento callejero al comparársele con el cuento de la maravilla económica que le da la espalda a lo que más cuenta en el futuro de un pueblo, la educación, en medio de una bonanza nunca antes contada, ni siquiera en el cuento de la Ponderosa.

¡Qué fortuna la de un pueblo con tan ilustre y fecunda producción cuentista! Un país en el que hay cuentos para todos, hasta para las cuentas que no cuadran. Así termina una semana de tantos cuentos que nos han contado los que cuentan tanto y que han demostrando su destreza al contarlos en tan pocos días a contar.

A ellos, a la escuela de cuentistas populares, les sugiero que atiendan bien, pues no es cuento. Tal parece que se le agotó el estomago a la ciudadanía para más cuentos chinos. De hecho, muchos ciudadanos, a juzgar por el cuadre de cuentas de esta semana, se aprestan a pasarle la cuenta a los cuentistas. A esa cruzada, son muchos los que se han sumado pues se han dado cuenta de algo que les contó Juan Luis Guerra, “la guagua va en reversa”.

Por ello, un coro cada día más numeroso y sonoro entona por calles y praderas el lamento de un pueblo harto de que le hagan más cuentos: ¡Basta ya, de cuentos chinos! ¡Es hora de pasar cuentas! ¡Cuenten conmigo! ¡Yo cuento! Esas expresiones, contrario a los que pudieran creer muchos, no son cuentos y deben ser contadas, algo que quizás le sea imposible a una escuela de cuentistas acostumbradas a vivir del cuento.

El cuento de un cuadro del que fue por lana y salió trasquilado y que hoy, en protesta, es ambarino

Posted by Rissig Licha on 06 Dec 2010 | Tagged as: Blogs