November 2010
Monthly Archive
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Posted by Rissig Licha on 08 Nov 2010 | Tagged as: Blogs
MIAMI—Lo inédito, lo oculto, como lo inconcluso, siempre han despertado mayor interés en mí que lo publicado, al descubierto y concluido. No sé si es en función de la misteriosa novedad de lo desconocido o por la curiosidad que suscita la especulativa anticipación de qué es lo que habremos de encontrar a la conclusión de la faena o del camino. Lo cierto es que la experiencia del trayecto suele ser más adrenalínica, fascinante y deliciosa que la llegada al destino porque la persecución es más emocionante que la captura ya que ésta, después de todo, resulta anti climática. El fin, el fait accompli, por ser determinante y definitivo, no tiene marcha atrás, algo que queda ampliamente ilustrado en todos los casos en los que se han violentado etapas, obviado procesos y alterado los tiempos, así afectando la obra que resulta.
El verdadero problema con esta visualización de la realidad radica en que, casi todos, por no decir todos, tienen gran admiración por la creatividad. Pero no todos entienden que en todo proceso creativo es necesario prestar atención a la estrategia del artista. Contrario a lo que muchos, más de los que, francamente debieran, puedan pensar, no es accidentada la diferenciación entre los maestros y el rebaño de disimuladores que por el mero hecho de que concluyen una obra se creen superdotados.
Sólo vasta ver cómo la fuerza estética de la variopinta pincelada se plasma a través de una pulsada de la paleta al lienzo; o cómo fluye la riqueza y el hábil manejo del lenguaje del escritor con el que edulcora la página de una composición; o cómo emanan los melodiosos y embrujados acordes de la mano de un director al interpretar la partitura de una sinfonía; o qué se necesita para que de un simple fogón de cocina un chef logre producir un embriagador aroma y un inolvidable sabor a través de la transferencia de la fórmula de especies y especias arrancada de la fría página de un recetario que termina convirtiéndose en el caldero en una deleitante cocción digna de la mejor mesa para darse cuenta de que existe una gran diferencia: el genio estratégico.
Es por eso que en el caso muy particular mío, mi deleite, sin menosprecio de las virtudes de la obra completada, surge de la deconstrucción o la examinación de las partes, hecha con la precisión y meticulosidad de una auditoría forénsica; la misma que nos permite diseccionar aquello que por separado tiene poco significado; aquello que requiere de la mano y maestría del creador para, al componerlo, convertirlo en arte. Eso es lo que, precisamente, más interés provoca en mí pues permite la reflexión para poder llegar a descifrar cuál ha sido la estrategia que se siguió, que no es otras cosa que, esencialmente, el propio proceso que regula las etapas del transcurso creativo desde la concepción hasta la realización.
Desgraciadamente no son pocos los que en el propio campo creativo, en particular el de las comunicaciones, confunden las tácticas con las estrategias lo que desemboca en serias imprecisiones, errores y deficiencias que socaban la imagen, reputación y credibilidad de múltiples entes y productos. Los que así actúan desconocen que, a la postre, sin estrategia, sin saber a dónde, por qué, con quién, a qué y ni siquiera qué vamos a decir,se dificulta pasar juicio sobre el desempeño y rendimiento, amén de diferenciar lo pedestre de lo exquisito y lo eficiente de lo eficaz, desdoblándose el esfuerzo en una versión de juegos malabares que tienen el sólo propósito de intentar deslumbrar al público, de confundir a través de la disimulación la propia realidad y acometer proyectos simplemente para llenar un expediente.
Ningún artista, ningún escritor, ni tampoco un músico, ni siquiera un cocinero pero, definitivamente, ningún comunicador que quiera merecer su profesión, vocación y pasión por lo que desempeña puede acometer su obra con el sólo objetivo de llenar el expediente. De hecho, aquéllos que así acometen su trabajo puede que lleguen a ser eficientes pues, a la postre, producen obras. Más sin embargo, nunca serán eficaces porque no cumplen con el objetivo de crear el impacto necesario, de completar el proceso creativo siguiendo una disciplina y una trayectoria fundamentada en la clara definición de una estrategia. Los que así actúan son pobres representaciones del proceso creativo, son un anti Cristo creativo.
Por el contrario, aquéllos que organizan su esfuerzo creativo—en las artes, la literatura, la música la gastronomía y las comunicaciones, entre muchas otras expresiones—siguiendo un diáfano objetivo estratégico que sirve de hoja de ruta para la ejecución son los que no sólo realizan eficazmente su labor sino que consagran con su destreza formativa y deliberativa el nombre de maestro. Los demás son, simplemente, farsantes creativos, agentes oportunistas y caricaturas de lo que define a un profesional de un aficionado, aventurero u farsante.
Posted by Rissig Licha on 05 Nov 2010 | Tagged as: Blogs