August 2010

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¡Ojo! Cuando acallan un medio nos callan a todos

Posted by Rissig Licha on 26 Aug 2010 | Tagged as: Blogs

SANTO DOMINGO—En el destierro los buscan, les comparten confidencias, aplauden sus cuestionamientos del manejo de lo público y les juran que, cuando llegue el cambio, no habrá problemas de acceso. Prometen una relación que, además de ser fluida, habrá de caracterizarse por la transparencia, cordialidad y respeto entre las partes. Atrás quedarán, según apalabran, las arbitrariedades, atropellos, vejaciones y censuras que emanan desde el oficialismo.

Ese es el catecismo que rige el proyecto insurgente. Así se comportan en oposición. Pero, una vez en el poder sin que medie el Alzheimer, apenas asome el primer cuestionamiento, la emprenden, sin resquemor alguno, contra los mismos que ayer consideraban como un necesario contrapeso social para mantener a raya la predisposición innata de algunos a rechazar cualquier cuestionamiento de la autoridad absoluta que muchos pretenden ejercer desde el poder que les otorgó el pueblo mediante su elección en las urnas.

La historia se repite. No importa el partido, ni mucho menos el país, ni siquiera la ciudad, ni tampoco quién es el señalado—en Washington es Fox; en Caracas RCTV, Globovisión y El Nacional; en Buenos Aires, Clarín y La Nación—ni el sustento para cualquier tipo de acusación que, por lo general, oscila desde el más flagrante abuso de la Libertad de Expresión, hasta la difamación de algún funcionario público, sin dejar de pasar por la imputación de la existencia de una excesiva concentración de poder que solventa la existencia de una dictadura ejercida desde el poder fáctico de aquéllos que no fueron electos pero que a través de su proselitismo informativo afectan la opinión pública.

Esa es la cruda realidad de un sector de nuestras sociedades que, a decir verdad, mejor no pudiera haber sido bautizado: los medios. Sí, los que siempre están en el medio; el preciso lugar desde dónde unos y otros, dependiendo de cuál sea la posición que ocupe en el espectro electoral, les vitorean o abuchean. En consecuencia de esa situación todos los medios, sin distinción, tanto los de izquierdas como los de derechas y hasta los del centro, tarde o temprano, se ven amenazados.

A decir verdad, esa bipolaridad que, en mayor o menor grado, proyecta el cuerpo político en su relacionamiento con los medios de comunicación es entendible sólo desde el fundamentalismo partidista de aquéllos que sustentan la perniciosa ideología del clientelismo y de la desmedida acumulación de poder. Por ello, desconcierta que todo aquél que se autodefine como fiel creyente en las bondades de la democracia que fomenta y permite la convivencia y el disfrute del pluralismo—el de perfil variopinto y no el desfigurado pluralismo selectivo que se le antoja cacarear a los que ejercen el poder—permanezca al margen, desentendido y sin importarle los continuos atropellos, en pueblo tras pueblo, a la libertad más fundamental de todo ser que no es otra que la Libertad de Expresión.

Esos pasivos testigos que habitan todas nuestras sociedades se caracterizan por mirar al costado mientras el oficialismo asfixia, en cuartos oscuros o a plena luz del día, los cuestionamientos de conductas que se apartan del estricto cumplimiento de la Ley y del respeto por la institucionalidad. No se dan cuenta de que su indiferencia, indolencia y silencio los hace cómplices de los abusos, arbitrariedades y atropellos que se cometen desde el oficialismo y que, en definitiva, afectan a toda la sociedad, incluyéndolos a ellos.

No pretendo soslayar, ni excusar excesos o equivocaciones que sean responsabilidad del accionar de los propios medios de comunicación. Los medios, al igual que los políticos no son perfectos, ni infalibles, ni tampoco omnipotentes. Sí son, en su desempeño como cuestionadores de la gestión pública, agentes de control de todas nuestras sociedades. Ni más, ni menos. De hecho, aquél que no esté de acuerdo con un medio u otro siempre tiene la opción de obviarle, de retirarle su concurso, de igual forma como se hace en cada ejercicio electoral con los políticos con la única diferencia que el efecto en el medio en vez de ser temporal, dependiendo del término electoral, ocurre a diario. Es decir, es inmediato y, por ende, más directo y efectivo.

Lo que no podemos hacer es promover su desaparición, destierro, descalificación o censura simplemente por el hecho de que cuestionen a los poderosos. ¿Por qué? Razones sobran pero es menester destacar, en particular, la necesidad fundamental de que se desempeñen en el rol de cuestionador de la gestión pública toda vez que es ello garante, en gran medida, de nuestras libertades individuales. Por consiguiente, ese es un derecho que tenemos que defender. No hacerlo sería claudicar ante el autoritarismo constitucional que cada día avanza más como modelo en nuestras sociedades. Ante ello, hay que decirle, ¡basta ya!, a Obama, Chávez y Kirchner, por mencionar tres, cada vez que despotrican y pretenden acallar un medio de comunicación. Porque si no lo hacemos, tarde o temprano, nos callan y acallan a todos.

Las exequias de Clave ponen en entredicho la Libertad de Expresión en República Dominicana

Posted by Rissig Licha on 05 Aug 2010 | Tagged as: Blogs