June 2010

Monthly Archive

Graciela, “el día que se corte mi piolín, te veré y sabré…que no hay fin”.

Posted by Rissig Licha on 26 Jun 2010 | Tagged as: Blogs

MIAMI—“Cuando un amigo se va…queda un espacio vacío….”, hoy es, precisamente, uno de esos días en que “una estrella se ha perdido” y mi corazón ha quedado como “un terreno baldío”.

Las letras de Alberto Cortéz han servido para conjugarme el cúmulo de vivencias y recuerdos agradables de un ser al que conocí, tanto en lo personal como en lo profesional, por más de dos décadas y de la cual lo único que tengo son gratas remembranzas de tiempos de mucho fruto y mayor cosecha.

Graciela Fernández Ivern, una entrañable amiga proveniente de la tierra de Martín Fierro, Carlos Gardel, Astor Piazzolla y Alberto Cortéz poseía cualidades de liderazgo pero, sobre todo de solidaridad ante las adversidades de la vida, que son poco comunes en el desenfrenado mundo en el que nos ha tocado vivir.

Por ello, los sucesos de hoy me han hecho recordar que a ella le hubiera alegrado saber que su pasar nos han inducido a cantar a su memoria como el parlamento que José Hernández puso en boca de Martín Fierro: “Aquí me pongo a cantar, al compás de la vigüela que al hombre que lo desvela una pena extraordinaria, como el ave solitaria con el cantar se consuela”.

El mejor consuelo que tenemos es que la conocimos y disfrutamos de su amistad. Esa realidad es la que mayor agrado me brinda porque nunca estamos preparados para noticias desagradables y la que hoy recibiera, desde Buenos Aires vía el amigo Diego Dillenberger, ha enlutado mi día pues amén de haber sido una referencia negativa resultó ser una crónica más desgarradora por el relato de cómo se produjo la partida de mi gran amiga Graciela: falleció en un trágico accidente automotriz. Rosarina a ultranza, transitaba desde Buenos Aires camino a casa. “Cuando un amigo se va…se detienen los caminos”. Hoy se detuvo el camino de Graciela, pero su memoria vive en todos los que la conocimos.

La conocí en la década de los ochenta. Trabajaba para Massalin Particulares, una subsidiaria de Philip Morris. Con el descorrer del tiempo se convirtió en representante para la empresa a la que le dediqué diecisiete años de mi vida—Fleishman Hillard—antes de montar en marzo de este año mi propia consultora, 360 Strategy Mix. Juntos desarrollamos muchos proyectos de importancia pero, más importante aún, cultivamos una gran amistad.

El sentido de humor, negro como suele ser el de los argentinos, sumado a su ambición por vivir la vida y exprimirle a ésta la última gota del néctar que nos da el saber que hemos vivido la vida con la satisfacción de que lo hicimos intensamente y con gran entusiasmo—el joie de vivre por el cual se distinguía el Zorzal Criollo—hacía de Graciela un ser singular.

La capacidad de hacer una aguda observación acompañada por una sonrisa a flor de labios hacía de Graciela una compañera de ruta sin igual. Vivaracha, amena pero con un corazón más imponente que el Obelisco de la 9 de julio, Graciela solía resplandecer en los ratos de ocio tras esos días de intenso “laburo” cómo le llaman por esos lares. Sibarita. Conocedora de vinos y del buen comer, también era una gran compañera de mesa.

Por ello, hoy me cuesta aceptar que ya no vamos a compartir otra copa de vino, ni tampoco un buen asado y sólo me resta recordarla parafraseando la letra de Eladia Blázquez que musicalizó Piazzolla en “Adiós, Nonino”. “Adiós “Graciela”… Dejaste tu sol, en mi destino….Tu ardor sin miedo, tu credo de amor. Y ese afán… ¡Ay…! Tu afán por sembrar de esperanza el camino. Soy tu panal y esta gota de sal, que hoy te llora “Graciela”. Tal vez el día que se corte mi piolín, te veré y sabré…que no hay fin”.

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Posted by Rissig Licha on 01 Jun 2010 | Tagged as: Blogs