SANTO DOMINGO—Barack Obama sigue dando palos a ciegas como un niño en busca de romper la piñata de las relaciones internacionales de los Estados Unidos de América. El último golpe del novato presidente norteamericano lo dio ésta semana al ocurrírsele, nada más y nada menos que: servir comida mexicana en una cena de Estado para el presidente mexicano Felipe Calderón preparada por un chef gringo, Rick Bayless.

El menú: 1) ensalada de jícama con naranjas, pomelo y piña aderezada con vinagreta de cítricos, a la que acompañó un vino chardonnay Ulises Valdez cosecha de 2007, 2) un ceviche de pescado opah hawaiano aderezado con hierbas verdes y acompañado de galleta crujiente de cilantro y sésamo, 3) el plato fuerte fue un corte de res de tipo de Oregón en un mole negro de Oaxaca con acompañamiento de tamalón de frijoles y habichuelas verdes a la plancha servido con un vino Cabernet Sauvignon de las bodegas Herrera, “Selección Rebecca”, de 2006 y 4) el postre consistió de una tarta de chocolate y cajeta, complementada con malvavisco casero tostado, helado de queso de cabra y bizcocho, todo ello acompañado de un vino dulce del valle de Napa, Carlos Santana Brut.

Bayless tiene una larga historia de éxitos como el mejor expositor norteamericano de la comida mexicana a través de sus dos restaurantes en Chicago—Topolobampo y Frontera Grill. La calidad de la gastronomía de Bayless es innegable.Y el menú de degustación de seguro que fue deliciosos. Pero, ¿servirle comida mexicana en la Casa Blanca al presidente de México? Priceless. Por ello, le sugiero a Felipe Calderón que la próxima vez que los Obama toquen tierra azteca le sirva hamburguesas acompañado por lo que Octavio Paz llamó “las aguas negras del capitalismo”—Coca-Cola. ¡Esa sería la mejor venganza de Moctezuma!