MIAMI—Tarde o temprano llega el momento. En unos casos, son tiempos de partida. En otros, son ocasiones de despedida. Y, en algunos pocos, son tiempos de bienvenida. Pocas son las ocasiones en que los tres ocurren simultáneamente. Hoy, sin embargo, es una de ellas. Es fecha de gran importancia personal no sólo por su trascendencia, sino porque permite, además, en virtud de la oportunidad que me brinda evitar malinterpretaciones, tergiversaciones y, sobre todo, especulaciones carentes de fundamento alguno sobre mi persona, mi mapa de ruta, las razones para tomar el camino y, sobretodo, cuál habrá de ser mi destino.

Hoy es el día de contar a todos lo que ya algunos conocían; de compartir las razones que obraron para cambiar de ruta aún cuando ese cambio no representa un desvío cambiar de rumbo ni mucho menos para llegar a otro destino, sino la toma de otra vía que conduce en la misma dirección que trazara hace años hacia la tierra prometida, lugar que se presta para vivir en cuerpo y alma la filosofía de vida que adoptara como sacerdocio:

“Vivo cuando escribo y escribo lo que vivo porque sólo así aseguro que no quede en el olvido aquello que condiciona, enriquece, nutre y sazona lo que vivo que, en efecto, define lo que soy: un escritor que escribe para vivir y vive para escribir…”

Por eso, hoy hago público la develación de cuáles habrán de ser mis nuevas coordinadas profesionales. Me retiré de la presidencia regional de Fleishman-Hillard el pasado 16 de marzo. Esa acción fue producto de una profunda reflexión sobre cómo seguir haciendo lo que siempre me ha servido, desde mi adolescencia, de brújula profesional–”vivo para escribir y escribo para vivir”–dentro de un esquema de vida en el que prime, por sobretoda otra consideración, la función de consultor y consejero. En esa decisión también tuvieron mucho que ver consideraciones personales sobre en qué ubicación geográfica me interesa pasar más tiempo. Una vez concluido ese periodo de reflexión sobre qué hacer compartí la decisión, que ni fue fácil ni fue tomada con ligereza, con la alta gerencia de Fleishman-Hillard quienes plenamente entendieron las razones que la motivaron.

El retiro de Fleishman-Hillard permite, finalmente, perseguir un derrotero profesional que si bien siempre me había apetecido no había ocurrido con anterioridad porque, simplemente, no se habían dado las condiciones, ni llegado el momento para hacerlo. Ese emprendimiento, que siempre abrigué, se va posibilitando a través de la creación de dos empresas consultoras que acaban de registrarse: 360 Strategy Mix y Rissig Licha Consulting. Ambas, con sede en Miami, habrán de dedicarse a lo que siempre me ha entusiasmado más y por lo que he sido reconocido a través de mi carrera profesional—la consejería y consultoría estratégica de comunicaciones, tanto en el sector público como en el sector privado.

Estas dos empresas habrán de proveer servicios a través de una vasta gama de disciplinas comunicacionales, entre las que cabe destacar las siguientes: el diseño de programas de comunicaciones que integran disciplinas tradicionales y digitales como parte de una estrategia común; programas institucionales; iniciativas de responsabilidad social empresarial; proyectos para la transformación cultural de empresas; comunicaciones financieras y relacionamiento con los mercados; asesoría en temas de política pública y relaciones gubernamentales; desarrollo de estrategias e implantación de esfuerzos para el efectivo manejo de crisis; y el diseño de programas para el fortalecimiento de las relaciones comunitarias. Esa es la plataforma de servicios que hoy sale al mercado. Ese es, a grandes rasgos, el menú de servicios de consultoría de 360 Strategy Mix y Rissig Licha Consulting.

La despedida y partida de mi más reciente cargo, del puesto desde donde tuve la responsabilidad de importantes proyectos en la región latinoamericana en la compañía de un gran grupo de colegas profesionales que han indeleblemente marcado mi hoja profesional, no resultó, en consideración de todas las amistades y vivencias compartidas con ellos, nada fácil.

Atrás quedan innumerables iniciativas que marcaron importantes hitos en mi carrera profesional entre los que cabe destacar, no porque todos los demás no hayan sido importantes, sino porque algunos por sus características merecen una mención especial. Éstos son: la transformación en la Argentina del posicionamiento del periódico Clarín al multimedio que hoy se conoce como el Grupo Clarín; la creación y direccionamiento comunicacional del Grupo León Jimenes, la entidad empresarial más admirada en la República Dominicana desde principios de década; el efectivo manejo de la imagen de México tras el 11 de septiembre logrando disminuir los estragos que este deplorable acto terrorista ocasionó en el turismo mundial y esfuerzo que permitió la recuperación más rápida de mercado turístico alguno tras la tragedia de Nueva York; la exitosa, multidisciplinaria campaña de comunicaciones que le permitió a la Cervecería Nacional Dominicana mantener a raya los intentos de penetración de mercado de AMBEV, consolidando su posición como líder indiscutible del mercado dominicano; el inicio del proyecto de marca país para El Salvador, hoy utilizado como referencia del Banco Mundial para marcar la ruta de cómo un país pequeño debe de acometer estas iniciativas y, más recientemente, el fortalecimiento de la imagen; y el posicionamiento del gobierno del Presidente Ignacio Lula da Silva y de Brasil como una administración capaz de innovar, al mismo tiempo que observa un gran respeto por la institucionalidad que, conjuntamente con el respeto por la seguridad jurídica, responsable un crecimiento económico sostenido que solventa una significativa reducción en la tasa de pobreza, consistente con su inalterable compromiso para con la solidaridad social y el bienestar del pueblo brasilero.

Ese ha sido el legado que quedó en mi hoja de trabajos al momento de mi despedida de Fleishman-Hillard. Ahora ha llegado el momento de seguir empleando esos conocimientos y experiencias desde 360 Strategy Mix y Rissig Licha Consulting en otros proyectos igual de importantes para otras empresas, gobiernos, organizaciones e instituciones. Lo único que cambia es el campo y la franela porque ayer, como hoy, al igual que cara al futuro el esfuerzo seguirá siendo lo que siempre ha sido a partir del apostolado de aquéllos que logramos nuestra felicidad como yo la he alcanzado gracias a que “vivo para escribir y escribo para vivir”.