April 2010
Monthly Archive
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Posted by Rissig Licha on 24 Apr 2010 | Tagged as: Blogs
SANTO DOMINGO—Lo que fue, ya no es. Ahora todo, aunque se asemeje a aquello que fue, es totalmente diferente. Vivimos una nueva realidad. Estamos en un Nuevo Mundo. Ese nuevo universo poco tiene que ver con el que conocíamos y mucho menos con el que se adjudicó para el pabellón español un extraviado genovés camino a la India. Hoy cualquiera, desde cualquier coordenada, se conecta con cualquiera en cualquier otra coordenada—importándole más, a juzgar por la superficialidad que caracteriza el contenido de la mayoría de los hipertextos que se transmiten entre contactos, la conexión que las circunstancias y, mucho menos, el mensaje y, ni hablar de su significado para cualquiera. El ¿por qué? y el ¿para qué?, rara vez importa. Lo importante es alcanzar el objetivo que se persigue.
Esa, precisamente, es la misma sensación que provoca en mí el discurso público que caracteriza el proselitismo electoral de una campaña en el que unos, tanto como otros, pero en definitiva todos, observan un comportamiento de clase que asfixia la cotidianidad dominicana y que, en definitiva, puede resumirse en una frase: mucho ruido y pocas nueces.
El ambiente claramente identifica la temporada. A diario por las calles y avenidas, en los periódicos, a través de la radio, por televisión y hasta en el ciberespacio los candidatos hablan de “progresar”, de “avanzar”, de “cambio” y de “esperanza” en una campaña carente de plataformas programáticas, debates de ideas, ni siquiera de análisis de propuestas pero preñada de estribillos huecos: “El candidato que está…el que se queda…el que llega…la que va…el emprendedor…la de la pasión…el ejemplar…”.
El protagonismo de la personalidad de los candidatos lo supera todo. El morado como el blanco y también el rojo sólo sirven para distinguir una tribu de otra pero no para, ni siquiera de forma codificada, presentar una diferenciación ideológica, ni programática, ni siquiera de estilo. “Vamos al poder porque es mejor que seamos nosotros y no los otros”—es el leitmotiv o hilo conductor del discurso político tanto de uno como del otro.
En atención a ello, el certamen electoral parece más un concurso de belleza o una puja digna de un programa de telerrealidad para elegir al próximo Ídolo de la Política que una elección en la que el país va a darles a los ganadores seis años en el poder y a los perdedores, en virtud del paso del tiempo, la condena al ninguneo. Aquellos que no lleguen al poder estarán, quizás si no fallecen en el camino, vivos pero, en realidad, no tendrán consecuencia alguna en la vida política nacional porque un destierro político tan largo es suicida. Y, ante esta realidad cabe que nos preguntemos sobre la conducta y responsabilidad de los actores sociales: ¿Dónde han estado? ¿Qué han hecho?
Alguno que otro, en representación de la Sociedad Civil, ha hecho ínfimos esfuerzos, todos fracasados, por alterar el curso de las cosas. Pero, en general, la hoja de servicios está en blanco. El empresariado, bien gracias. Los medios de comunicación, alimentándose de la ubre de propaganda oficialista que asfixia la independencia editorial pero conjuga con sus intereses empresariales. La Junta Central Electoral, a tres semanas del voto, todavía atendiendo impugnaciones.
Y, el pueblo, a juzgar por las encuestas de opinión, impávidamente adaptándose al ruido electoral como el que oye llover—conscientes de la precipitación pero, en consecuencia de su inhabilidad de hacer que escampe, esperando bajo un toldo resignados a que pase el chapuzón en la esperanza de que salga un arcoíris que marque el fin de la tempestad. Pero ninguno, ni otro es capaz de darse cuenta de que lo que está cayendo es el diluvio universal, que en el Arca de Leonel sólo hay cabida para los morados y que el color que quedará en el firmamento lejos de ser multicolor y pluralista será también morado y oficialista. Porque ésta, en definitiva, es una elección referéndum sobre la popularidad de Leonel Fernández Reyna, el mismo que, sin tapujos, externó su apego para con la permanencia indefinida en el poder.
Así quedó refrendado en Cartagena de Indias—ciudad costera colombiana perteneciente a las mismas Indias que Colón confundió con el enigmático sub continente oriental—en dónde Fernández Reyna, sin importarle un compromiso más de respetar las limitaciones constitucionales a la reelección sin limitación que él mismo propuso hace apenas unos meses atrás, dejó clara su filosofía política:
“Quisiera hacer una breve reflexión sobre la figura del presidente Uribe”, dijo el líder máximo del Partido de la Liberación Dominicana en la plenaria del Foro Económico Mundial, “porque creo que su situación política particular va a obligar a una reflexión de la democracia latinoamericana en el siglo XXI.
Resulta que cada vez que vemos encuestas que se publican aquí en Colombia, así como de carácter hemisférico, como el Latinobarómetro, el presidente Uribe presenta una característica particular. Él rompe los barómetros. Está con un nivel de respaldo popular por encima de un 70 por ciento y sin embargo, a pesar de contar con un respaldo tan masivo y entusiasta de su pueblo, por constreñimientos institucionales, el presidente Uribe no podrá presentarse al próximo torneo electoral. Creo que esta situación particular obligará a establecer esa reflexión sobre la democracia, entre respaldo popular y constreñimiento institucional. Creo que en todo caso, el presidente Uribe, que ya no estará como jefe de Estado por esos constreñimientos institucionales, en el período siguiente, merece sin embargo nuestro reconocimiento, nuestro respeto, nuestra admiración por su liderazgo, por su visión y por todo el aporte que ha hecho a la democracia y a la seguridad y la paz en Colombia y en toda América Latina. Mis felicitaciones, presidente Uribe”.
Las expresiones de Fernández Reyna sirvieron tres propósitos—convertir las elecciones de mayo sobre el Congreso y los Ayuntamientos en un referéndum de su gestión, marcar la hoja de ruta de los próximos dos años de su gestión presidencial y crearle más problemas internos a su principal contrario, Miguel Vargas Maldonado, del Partido Revolucionario Dominicana quien más de un años atrás convalidó una nueva constitución, hecha a la medida de Fernández Reyna, en la que supuestamente ambos pactaban límites a la reelección irrestricta del Presidente con lo que el líder del partido blanco creía había asegurado la banda presidencial a través de una negociación entre los dos partidos mayoritarios.
Mientras tanto, el pueblo, abandonado por los partidos políticos, por la Sociedad Civil, por el empresariado y hasta por los medios de comunicación, parece inclinado en cada día mayores números a abstenerse el día 16 de mayo de participar en el certamen electoral, dejando en manos de aquéllos que se benefician del clientelismo, del asistencialismo y del transfuguismo la decisión sobre el futuro del país.
Esa tendencia no le importa al oficialista Partido de la Liberación Dominicana. Lo que le importa es conectar y movilizar, como en el ciberespacio, las comunidades de afines y si el oficialismo, con más de dos mil funcionarios que son candidatos a una tercera parte de todos los escaños en juego, tiene más comunidades de afines—medio millón de empleados públicos y más de ochocientos mil beneficiarios del Plan de Solidaridad, al que le reparten mantengo—no hay necesidad de imaginarse el resultado. A partir de ello, el gallinero va a ser custodiado por la zorra.
Por esa razón, es que da para pensar si la campaña más que una telerrealidad virtual es un baile de máscaras lingüísticas que sigue una trama diseñada para disimular el verdadero objetivo del dramaturgo: eliminar cualquier rastro de una oposición que, en gran medida, y a partir de su colaboración constitucional, se ha convertido en el gran cómplice de una trama antidemocrática en la que los “ilustrados” actúan en función de una aparente repartición de las cuotas del poder a espaldas del pueblo pero, en realidad, más que una repartición es una concentración absoluta de poder por parte del que hoy lo ejerce.
Ese discurso público de los partidos, que caracteriza tanto a la coalición oficialista como a la insurgente, así como al reguerete de colectividades menores que participan en el ejercicio electoral, plantea que lo que se avecina es un golpe de estado institucional en el que un solo partido consolida todo el poder con la anuencia de todos los poderes fácticos y, para la sorpresa del pueblo, con el respaldo implícito de una oposición que se comporta como el delfín que flanqueando a las embarcaciones atuneras que circundan la mar siguen su ruta sin cuestionar el destino aún cuando al final caen inertes en las redes de los pesqueros que han acompañado ciegamente.
Ante ello, algunos piensan que lo que necesita el país es la institucionalización de un proceso que permita votar por ninguno—algo que, a la postre, es una forma más de abstención y nada hace por alterar la realidad ni mucho menos por impedir la institucionalización de un solo partido político en el poder. De hecho, esa opción lo que verdaderamente hace es refrendar el nuevo status quo del nuevo entorno en el que sólo existe un partido.
Entonces, ¿qué hacer? preguntan otros. Si no hay voluntad de impedir un control hegemónico oficialista, independientemente de que la ficha de tranque sea igual que la que se tranca, entonces lo único que queda es aceptar la realidad y marcharse o, en pleno conocimiento de ella, tomar las armas.
No, no hace falta una cruenta revolución que desemboque en una guerra civil que divida familias y enfrente hermanos. Tampoco hace falta una pujante Sociedad Civil haciendo su rol de activista, ni un empresariado militante, ni mucho menos medios de comunicación independientes pues, después de todo, en caso tras caso de dictaduras autoritarias en la que no existe la libertad de expresión no han sido necesarios los medios de comunicación independientes para tumbar al régimen totalitario. Lo que ha sido necesario es la voluntad popular.
¿Y qué más hace falta? Lo que hace falta es un esfuerzo que tome como modelo el mismo que ha utilizado el oficialismo: crear comunidades afines de intereses con el propósito de impedir la institucionalización del poder absoluto en una persona o partido.
Ese esfuerzo, a diferencia del ejemplo coyuntural que hoy emplea el oficialismo dominicano, en vez de apoyarse en el trípode actual—clientelismo, asistencialismo y transfuguismo—contaría con pilares de apoyo la libertad, el pluralismo y el respeto a la Ley. No piensen que es como el Alka-Seltzer, una solución inmediata a una dolencia coyuntural. No, ese esfuerzo toma tiempo, requiere de un plan y, sobre todo, de recursos.
Más sin embargo, en un país en dónde cercano al cincuenta por ciento de la población piensa que sólo puede mantener su integridad dándole la espalda al baile del chivo que han orquestado los partidos políticos y no acudir a las urnas el próximo 16 de mayo hay mucha tela para cortar, lo único que resta es la voluntad de interconectar los hilos que la unen para, con ello, crear un gran movimiento cívico que, en vez de buscar dádivas y ventajas personales, persiga el bien común: la reconstrucción institucional que permita aspirar a una mejor nación.
En esa travesía, no hay que toparse por equivocación, como Colón, con un nuevo mundo, ni emplear un sistema satelital de posicionamiento para llegar al destino que se persigue aún cuando no se sepa para qué hemos hecho el viaje. Lo que hay que hacer es tener la voluntad, el plan y los recursos para aspirar a una mejor sociedad. Y, en la medida en que se trabaje en ello se estaría reafirmando la verdadera democracia pluralista en que los actores definen con un discurso público distinto al de hoy, por qué y para qué el pueblo debe de votar por ellos, sin la necesidad de violentar las instituciones ni de constreñir o asfixiar el respeto de aquéllos que, en definitiva son los que verdaderamente representan la soberanía nacional: los electores. Cualquier otra cosa no es más que una burda burla sin justificación o, peor aún, un maquiavélico esquema para, a través de la disimulación lingüística, engañar al pueblo que es, precisamente, lo que estamos observando.
Posted by Rissig Licha on 18 Apr 2010 | Tagged as: Blogs