MIAMI—El seísmo de Puerto Príncipe estremeció más que la tierra. Sacudió la sensibilidad de muchos que de diversa forma y manera acudieron al socorro de las víctimas. Desde la lejanía pero también desde la cercanía llegaban respuestas a la urgencia sanitaria que se develaba a diario antes los incrédulos ojos de un mundo que por años prefirió mirar al costado ante la barbarie en la que vivía un pueblo olvidado por el resto de sus semejantes. El evento del 12E provocó actos de gran sensibilidad y compasión humana. Pero hoy abrimos nuestros ojos para darnos cuenta de que en medio de los escombros como el espeluznante hedor de la muerte que emanaba de miles de cadáveres nunca rescatados, ni identificados, asomaba la insensatez, torpeza, insensibilidad, impertinencia e insolencia que caracterizó la conducta de un grupo de médicos puertorriqueños integrantes de una misión humanitaria.

No conforme con violar anónimamente múltiples códigos éticos, hipocráticos, humanitarios y morales el equipo de cooperantes puertorriqueños se dieron a la tarea de dar a conocer e inmortalizar su desacertada conducta publicando en Facebook fotografías de sus fechorías en la página “Salvemos Haití” del Senado de Puerto Rico—la entidad que auspiciaba el viaje de socorro—en las que posan con armas de militares dominicanos, una segueta a emplear en la amputación de extremidades, pacientes mutilados y, como si eso fuera poco, grupos de médicos ingiriendo bebidas alcohólicas en franca camaradería tal y como si se encontraran gozando de un día de campo. Mientras tanto, el pueblo haitiano sufría.

Si no tuvieron buen juicio al dedicar el tiempo que pasaron en Puerto Príncipe a asuntos distanciados del propósito de su misión, peor juicio mostraron al vanagloriarse de su conducta “humanitaria” y publicar las fotos en una página de Facebook que, para colmo, era la página oficial del Senado de Puerto Rico. Poco tiempo tardó para que las repugnantes escenas dieran la vuelta al mundo y fueran publicadas en los principales rotativos de varios continentes. Con ello, el terremoto de Puerto Príncipe se cargó otra víctima al mancillar la imagen del pueblo de Puerto Rico que siempre se ha distinguido como un pueblo solidario con el dolor y la tragedia ajena.

Los médicos que participaron en la misión humanitaria hoy transfigurada en una tragedia por el crimen de lesa humana perpetrado contra el pueblo haitiano han concitado la repugna y el repudio de todos los que han sido ofendidos por su conducta y, por ello, merecen la más severa censura y castigo porque queda claro que un ser que así se comporta ni merece el respeto de sus conciudadanos, ni mucho menos debe estar ejerciendo la profesión médica, particularmente, cuando incurre en tan serias violaciones de los más elementales códigos de conducta.

Con su actitud y conducta los galenos puertorriqueños cercenaron todo lo bueno que pudieron haber aportado al desdichado pueblo haitiano. ¡Qué vergüenza!