El terremoto pone en relieve el consuetudinario abandono e indiferencia del mundo hacia Haití
Posted by Rissig Licha on 14 Jan 2010 at 11:52 am | Tagged as: Blogs
MIAMI—Los ojos del mundo están fijos sobre Haití. No es, sin embargo, la primera vez en que allí se posan. Una vez más, esta pequeña sociedad caribeña, descendiente de una generación de esclavos sublevados para desplazar al imperialista régimen colonizador impuesto por las monarquías europeas en tierras que explotaron tras la ocupación que se produjo de la equívoca llegada a estas tierras de un navegante genovés en busca de la India, monopoliza la atención de vecinos, tanto aquellos más cercanos como otros más lejanos. Los principales noticiarios de alrededor del mundo sólo hablan de Haití. Líderes de todas las estirpes se han unido en coro para hablar de ayuda mitigadora. Y no es para menos. La tragedia es de proporciones impensables.
El país más pobre de América, uno de los más paupérrimos del planeta, en el que más del ochenta por ciento de la población vive en la más extrema pobreza, estremeció hace dos días la consciencia de la comunidad de naciones tras registrar un terremoto que, amén de cobrar miles de vidas, cuya suma exacta quizás nunca se conozca, sumió al pueblo que ocupa la franja occidental de la Española en la crisis más profunda de su historia que, al comparársele con la de otras naciones, parece ser una espiral de calamidades sin fin. El terremoto es sólo un nuevo vericueto en la inexorable ruta desolada que le ha tocado transitar al pueblo haitiano a través de su histórica trayectoria de penurias en las que su futuro parece estar condenado a pasar por la Via Dolorosa.
Recesión. Depresión. Arbitrariedad. Dictadura. Confrontación. Guerra civil. Criminalidad. Desempleo. Pobreza. Migración. Discriminación. Hambruna. Epidemias. Exilio. Huracanes. Deslaves. Terremotos. Esos son algunos de los flagelos, tanto naturales como de autoría humana que, en un momento u otro y, a veces en tándem, han afectado la vida cotidiana de este pueblo. Y aunque a través de la historia hay países que parecen condenados a sufrir más que otros—Armenia, El Líbano, Polonia, Tíbet, Myanmar, Bangladesh, Etiopía vienen a mente—ninguno muestra tantas cicatrices en su cuerpo como Haití.
No hay agua. No hay electricidad. Las telecomunicaciones están afectadas. Los hospitales están sin medicamentos. El Palacio Presidencial se derrumbó, también cayó el Congreso. Y en la arquidiócesis desplomada murió el Cardenal. La sede de las Naciones Unidas sepultó a sus funcionarios. Al sumar, hay más edificios destruidos que los que quedaron en pie. Las calles están atestadas de desamparados que comparten el pavimento con cadáveres en distintas etapas de putrefacción. Dante no hubiera podido imaginarse un Infierno peor.
En medio de la tragedia la comunidad internacional ha respondido, como siempre responde, ante estas situaciones. Los cargueros aéreos aterrizan atestados de bienes sanitarios, alimentarios y de salvamento. Dejan su carga pero esta permanece en la pista porque no hay en sitio un aparato operacional capaz de canalizar la ayuda para que ésta llegue a dónde más se necesita.
Todos miran, pero nadie se da cuenta que amén de que Haití carece de mucho hoy, como consecuencia de la tragedia, no tiene ni gobierno. Más de quince ministerios desaparecieron. Ni siquiera se conoce el paradero de muchos de los funcionarios. Las endebles instituciones públicas que ayer nunca se destacaron por su eficiencia hoy, simplemente, ni siquiera operan porque no existen.
Ante esta situación el pronóstico no puede catalogarse como alentador. Y si no se logra articular una respuesta rápida el país yace expuesto a tener que solventar epidemias sanitarias producto de las condiciones de hacinamiento y desamparo en las que se encuentra el pueblo haitiano que sólo servirá para incrementar el número de víctimas. Algunos ya hablan de que el terremoto de Puerto Príncipe será el que cercene más vidas en la historia de la humanidad. La plaga de Camus será sólo un referente literario, la de Puerto Príncipe un recordatorio de lo que le pasa a los pueblos cuando sus hermanos miran al costado.
A la postre las estadísticas lo único que hacen es contabilizar una tragedia y, nada hacen para ayudar a solucionar la crisis social de un pueblo al que le debe costar mucho una esperanzadora reflexión sobre su futuro. Por eso, no es suficiente con mirar lo que pasó en Haití. Ni siquiera es suficiente con el envío de donativos. Los noticieros de hoy no son los que, a la postre, más importan. Ni la ayuda coyuntural tampoco.
Haití lo que necesita es que aquéllos que en verdad quieren ayudarle no volteen sus ojos, ni borren de su referente, una vez los noticiarios, bitácoras y diarios pasen la página del terremoto para ocuparse de otros temas, que éste es un pueblo de muchas necesidades, entre éstas de instituciones que le sirvan de plataforma para solventar un desarrollo sostenible con el cual reduzca la pobreza y cree las condiciones para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y con ello, no siga condenándoles a ser parias migratorios operando en la tenebrosa ilegalidad que sólo sirve para fomentar las arbitrariedades y vejámenes de otros pueblos que se aprovechan de ellos pero no los aceptan como pares.
Por ello, Haití es hoy un pueblo al que sólo puedo mirar y preguntarme ¿por qué sólo le miramos cuando la naturaleza así nos lo impone? O, peor aún, ¿cuándo un noticiario nos lo recuerda? La situación de Haití si bien necesita urgente atención requiere, si en algo queremos ayudar para sacarles del entuerto en que se encuentran, de constante solidaridad. Y, eso no se logra con una fugaz mirada de la comunidad internacional, mucho menos de sus más cercanos vecinos. Eso requiere del solidario compromiso de que el país pueda crear instituciones que le permitan enfrentar cualquier adversidad porque, en el fondo, el problema de Haití no surge del terremoto de esta semana sino del consuetudinario abandono e indiferencia de la comunidad internacional en ayudarles a crear las condiciones institucionales que le permitan enfrentar sus retos y desafíos. Esa es la mirada que el pueblo haitiano espera, sin excepción, de todos nosotros.
Le diste al clavo en la cabeza papito. Vamos a ver porque Bill Clinton era el embajador especial pero sinceramente solo se oye de Hilary.
Quien sabe si este es la verdadera oportunidad que tiene Haiti de nacer de sus cenizas como un pais institucionalizado. Es escalofriante lo que pasa pero mas aun saber que mas del 50% del PIB haitiano proviene de las remesas. Quiere decir esto que mas del 50% de su economia esta a salvo? Con Haiti todavia hay mucha tela que cortar. Habra que ver donde esta la voluntad de su sociedad.
Totally to the point, Rissig! La realidad Haitiana ha sido puesta a relievo una vez mas debido a esta catastrofe sin olvidarnos de la precariedad que siempre ha existido. Como vecinos aunque ayudemos nos afecta toda la tragedia…pero esta en manos de su gente la determinacion de re-constuir y salva guardar su pais.
me parece que lo que paso en haiti es muy grave