MIAMI—La campaña eleccionaria para elegir al sucesor de Michelle Bachelet en La Moneda, matizada por la ausencia de un verdadero debate sobre el futuro del país. En realidad parece más una simulación que una seria contienda de ideas y ni siquiera una puja de popularidad y de carisma producto, en parte, por aquello que ha caracterizado y definido a los candidatos que se pelean la banda presidencial: los dos principales son aburridos; el tercero, aunque más audaz, no proyecta el gravitas que requiere la presidencia y el cuarto, sin ninguna opción de cargar con la contienda, es visto más como una refrescante pausa en función de la levedad de sus propuestas y la cuasi cómica tonalidad de las franjas televisas, en particular una en la que el protagonista es el perro del postulante, en las que promueve su candidatura pero no logra alcanzar su objetivo de convencer al electorado de que es una verdadera alternativa.

La sombra de la Bachelet, quien tras haber cometido uno tras otro traspiés en su primer año de gobierno enderezó la administración gracias a la buena gestión económica de Andrés Velasco, que desde su cargo en el Ministerio de Finanzas es el principal responsable de que hoy la “tía querida de todos los chilenos” tenga cerca de un 80 por ciento de aprobación algo que, ciertamente, opaca y presenta un gran reto para cualquiera de los contendores presidenciales que sobreviva el match electoral y la suceda en la presidencia pues todos lucen devaluados ante la figura de la popular ocupante de la Moneda

Y, como si eso fuera poco, la Concertación (C), la coalición de partidos que se fraguó tras la derrota en el referéndum convocado por el dictador militar Augusto Pinochet para determinar su permanencia en el poder, da muestras de fatiga, hastío y fragmentación tras más de dos décadas en el poder—un periodo de tiempo más largo que el que la dictadura—comprobado por el hecho de que dos de los cuatro candidatos que se disputan la banda presidencial provienen de las filas del oficialismo. De hecho, el candidato de la Concertación, el ex presidente Demócrata Cristiano (DC) Eduardo Frei—hijo del que fuera presidente, Eduardo Frei Montalva, antes de la llegada del marxista Salvador Allende que fuera, a su vez, derrocado en un golpe militar por Pinochet—resultó con la nominación oficialista tras barajarse otras opciones, entre éstas la del también ex presidente Ricardo Lagos, ante el poco entusiasmo que excitaron las opciones de la candidatura de la también del DC Soledad Alvear, a quien Bachelet derrotara en su paso hacia el poder y del Socialista José Miguel Insulza, quien ocupa la secretaría general de la Organización de Estados Americanos (OEA).

El deterioro de la centro-izquierda no ha significado, sin embargo, un gran repunte de la centro-derecha. De hecho, lo único definitivo en la campaña es que nadie cargará con la presidencia en la primera ronda electoral programada para el próximo 13 de diciembre. Y, aún cuando el candidato de la derecha, Sebastián Piñera, portaestandarte por Renovación Nacional (RN) prevalezca en el ballotage pautado para el 17 de enero del 2010, su victoria no podrá ser considerada como una señal de la ascendencia de la derecha en Chile, menos cuando Frei, su principal opositor, es e más derechista de los integrantes de la Concertación.

Si algo queda meridianamente claro sobre el sentir electoral chileno es que no andan en busca de grandes cambios. Después de todo el programa económico de la Concertación casi una generación tras la restauración de la democracia es, salvo una mayor inversión social, el mismo que tutelara Milton Friedman y sus Chicago Boys para la junta militar encabezada por Augusto Pinochet. Lo que sí busca el elector chileno es un mapa de ruta que permita al país transitar a una nueva etapa de desarrollo económico que le solvente la sostenibilidad de los logros alcanzados durante los últimos treinta años y le permita ser un líder regional en cuanto al desempeño económico.

Desafortunadamente para él, el discurso de Piñera, a quien Bachelet derrotara camino a La Moneda en el 2005, no ha logrado capturar la imaginación popular de que representa una opción de avanzada. Las propuestas del candidato oficialista por la Concertación, el ex presidente Eduardo Frei aunque un poco más progresistas que las de Piñera, tampoco han concitado ni entusiasmo, ni gran aprobación electoral.

Por su parte, la insurgente candidatura del senador Socialista—partido al que abandonó tras la negativa del oficialismo a celebrar primarias internas para escoger al candidato de la coalición—Marco Antonio Enríquez-Ominami, un cineasta aspirante por la Nueva Mayoría para Chile (NMC) si bien ha introducido temas tabú como la legalización de la marihuana el aborto y el matrimonio entre parejas del mismo sexo, no presenta una plataforma coherente en el plano económico. Y, el otro desertor de la Concertración, Jorge Arrate, ex miembro del gabinete presidencial de Patricio Alwyn y del propio Frei, quien se presenta como candidato por el Partido Comunista (PC) se ha caracterizado por ser “el dueño del perrito que ataja goles en la tele”—una alusión al spot de propaganda en el que el contrincante y su animal la emprenden contra la usura bancaria a la que el político tilda de un gol contra el consumidor chileno—pero, ni con la ayuda de Tintan, su fiel mascota, avanza en la estimación popular.

El cuadro electoral, en consecuencia de todos estos factores, no apunta hacia un claro ganador. Los sondeos pre eleccionarios más recientes le dan a Piñera un 38 por ciento del voto en la primera vuelta, seguido de Frei con un 24 por ciento, Enríquez-Ominami con un 20 por ciento y Arrate con un lejano 7 por ciento. Esos mismos sondeos si bien le dan una ventaja a Piñera versus Frei de diez puntos en una segunda ronda y de sólo cuatro puntos sobre Enríquez-Ominami dejan una franja muy amplia de indecisos, suficientes para decidir la elección, razón por la cual los comandos de campaña de los tres candidatos surgidos de la Concertación buscan tras bastidores algún tipo de acomodo para forjar un acuerdo que les permita retener el poder en la votación definitiva de enero.

Independientemente de los manejos que se realizan en cuartos oscuros, a cielo raso la lucha por los votos sigue sin tregua y las descalificaciones partidarias brotan a flor de piel por la susceptibilidad de una contienda muy luchada, en particular entre Frei y Enríquez-Ominami. El endoso del segundo por parte de la embajadora chilena en Suiza, Carolina Rosseti, provocó gran incomodidad en la Cancillería y en el seno de la Concertación.

“Votaré con Enríquez porque creo que representa lo mejor de la Concertación. Voto por él en positivo, no en contra de Frei”, dijo la embajadora a su llegada a Santiago para participar en el cierre de campaña del candidato por la NMC y en las franjas televisivas promoviendo su candidatura. El desacuerdo de la Cancillería con las acciones de la Rosseti en contravención del instructivo de ese ministerio al cuerpo diplomático instando a sus representantes de participar en actividades políticas no se hicieron esperar lo que comprueba el nivel de nerviosismo e inquietud que existe en el oficialismo con la candidatura de Fre.

La postura de la Cancillería frente a las acciones de su embajadora en Suiza carecen de credibilidad y tienen más agujeros que un queso suizo toda vez que aún cuando el Convenio de Viena sobre relaciones consulares citado por el Ministro de Exteriores para solventar su veda al proselitismo activo del cuerpo consular, el mismo titular del ministerio, Mariano Fernández, ha sido el primer infractor de su propia doctrina al hacer público su apoyo al candidato de la Concertación y permanecer en silencio cuando en días pasados Insulza desde su cargo como secretario general de la OEA activamente hizo campaña a favor de Frei.

¿Qué pasará? ¿Podrán subsanar las heridas y cicatrices intrafamiliares los concertacionistas para frenar a Piñera en una segunda vuelta? Ni Tintan sabe a ciencia cierta si puede atajar la ofensiva de los renovacionistas pero queda claro que Piñera, dueño de la oncena más ganadora en la Liga de Fútbol Chilena, el Colo Colo, no puede descuidarse en su empeño por llegar a La Moneda porque, para ello, tiene que derrotar a tres, algo quizás más difícil que quebrar la defensa de Tintan.