MIAMI—Evo Morales marcha inexorablemente hacia otro triunfo electoral en primera vuelta, asentándose firmemente en el Palacio Quemado—así conocido tras ser incendiado durante una revuelta popular en la década del 1860—y está a tiro, faltándole uno o dos escaños que, según las más recientes encuestas están a su alcance—para lograr, al cruzar la Plaza de Murillo, la codiciada mayoría de dos terceras partes del Senado con lo que eliminaría cualquier obstáculo institucional a mayores reformas estructurales, entre éstas restricciones a la inversión extranjera y significativos cambios al sistema de justicia, que habrán de allanar el camino hacia el establecimiento de un modelo de gobierno socialista en Bolivia similar al modelo que su mentor, el Comandante Hugo Chávez Frías, está implantando en Venezuela.

En la elección de mañana en la que enfrenta siete otros candidatos Morales sobresale en las preferencias electorales , alcanzando niveles similares al 55 por ciento que lograra en su primera elección en el 2005 gracias a la coalición que ha armado y que está compuesta por los indígenas, pobres y marginados de un país de nueve millones de habitantes en el que más del 60 por ciento de la población vive bajo el nivel de pobreza sin beneficiarse de las riquezas mineras que le hacen apetecible como suplidor de materias primas y abastos energéticos para países con urgente necesidad de alimentar sus necesidades de desarrollo como China, India, Rusia e Irán que rápidamente desplazan los intereses de los Estados Unidos de América y la Unión Europea en el país andino.

El primer término de Morales lejos de hacer significativos avances en la reducción de la pobreza, mejorar la redistribución de la riqueza y lograr una reforma agraria de alguna relevancia el líder Aymara se ha dedicado a mantener al estamento político partidista en vilo convocando tres referéndums consecutivos—1) en julio del 2006 sobre el tema de la autonomía regional, 2) en agosto del 2008 para determinar la permanencia en el poder del presidente y gobernadores y 3) en enero del 2009 para ratificar una nueva Constitución.

Es cierto que la economía boliviana ha mostrado un crecimiento de alguna importancia este año, tras la estatización de la industria petrolera, pero no es menos cierto que ha habido grandes desmanes y corrupción en la utilización de esos recursos para mejorar la suerte de la mayoría del pueblo que señala a que ahora, por primera vez, el Estado boliviano les trata con dignidad, lo que resulta ser el gran beneficio posibilitado por la llegada de Morales al poder.

La mayoría electoral que ha enhebrado el primer presidente indígena de Bolivia desde la Conquista española le ha permitido marcar en los sondeos pre eleccionarios una ventaja de más de treinta puntos sobre su más cercano rival el ex alcalde y ex gobernador de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, candidato por Convergencia Nacional (CN), a quien Morales ha señalado como blanco de arresto por acusación de corrupción en el uso de fondos públicos—una táctica similar a la establecida por Chávez Frías en Venezuela contra sus principales opositores.

La abultada ventaja de Morales sobre Reyes Villa ha dejado a éste último y a otros líderes opositores, como Samuel Doria Medina, de la Alianza por el Consenso y la Unidad Nacional (ACUN), en tercer lugar en las encuestas pre eleccionarias con una sola opción: hacer todo lo posible por evitar que el Movimiento al Socialismo (MAS) del presidente logre una mayoría de más de dos terceras partes del Senado con lo que frustraría, como sucediera en el primer término del presidente los intentos por consolidar todos los poderes en una hegemónica estructura estatista de Gobierno, todopoderosa y sin contra pesos institucionales.

En atención a ello, la retórica electoral en las postrimerías de la campaña de este año ha girado sobre un discurso de Morales dirigido a atraer a un segmento de la población que no ha sido propenso a endosar y abrazar las políticas del líder indígena: la clase media. El propio Morales, al cerrar su campaña por la reelección ha indicado que “en estos días algunos en la clase media dicen: es un indio, es indígena pero nos trata con dignidad. Por eso, le doy la bienvenida a la clase media a este proceso revolucionario”.

En el corto plazo la suerte parece estar sellada para una oposición con pocas figuras de relieve, trascendencia nacional y arraigo popular que pueda disputarle al líder cocalero el poder en un entorno dónde el discurso público de Morales—centrado en la redistribución de la riqueza y la repartición de tierras—tiene un timbre de gran resonancia en un electorado ávido por tener un grado de esperanza de que por fin alguien desde el Palacio Quemado vela por viabilizar una mayor movilidad social y les trata con dignidad.

Si bien el futuro político de Bolivia parece bastante claro el futuro económico, aún cuando el país tiene la segundas reservas más importantes de gas natural después de Venezuela, luce incierto particularmente con las anticipadas restricciones a la inversión extranjera que una mayoría absoluta del MAS en el Senado le posibilitaría a Morales.

En términos del efecto Morales en los temas geopolíticos, la reelección de éste aseguraría que dos de los cuatro integrantes—el otro es Ecuador—de la Comunidad Andina (CAN) compuesta, además, por Colombia y Perú, estarían controlados por delfines políticos de Chávez Frías que persiguen establecer estados socialistas, eliminando el libre mercado y significativamente restringiendo libertades individuales.

A largo plazo, el mayor riesgo de Morales y su proyecto político radica en su habilidad—hasta ahora no evidenciada durante su primer término en el poder—de mejorar las condiciones económicas de sus adeptos pues, a la postre, tal y como sentenciara en la década del 1960 Nikita Khruschev, secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, una generación antes de que el estado socialista que engendró la revolución bolchevique se desplomara: “con ideología no se hace sopa”. Y el proyecto político de Morales sobrevivirá solo si logra elaborar y repartir un mejor cocido a una población que hasta ahora se ha conformado con el manjar de la dignidad. Por ende, la única esperanza de la oposición es que éste sea un mal cocinero porque amén de la posibilidad de esa falla gastronómica no se perciben mayores escollos en la ruta que sigue el MAS hacia el socialismo.