Thanksgiving, San Guivin, Día del Pavo o Día del Guanajo en la era de la globalización
Posted by Rissig Licha on 26 Nov 2009 at 10:31 am | Tagged as: Blogs
SANTO DOMINGO—La globalización es un término que, la Real Academia de la Lengua define como “tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”, algo que me parece totalmente inadecuado pues resulta ser exclusivo a la conducta empresarial cuando en realidad a diario vemos cómo se propaga, como un virus de los muchos que están de moda, hasta afectar otras conductas humanas que marcan significativos cambios en la conducta cotidiana de pueblos que adoptan ritos, tradiciones, costumbres y hasta el folklore como resultado del cruce de culturas que posibilita el flujo migratorio. Ese es el caso de Thanksgiving, o el Día de Acción de Gracias o Día del Pavo, una celebración del cruce de las culturas europeas y americanas que hoy se celebra en otros pueblos por diversas razones.
Nunca he entendido algunas cosas de esta celebración promocionada por los anglosajones, en particular, cómo es posible que alguien se refiera a la celebración como el Día del Pavo toda vez que éste no tiene nada que celebrar, pues el pobre bípedo es el que pierde su plumaje y su gaznate para el deleite de los comensales que habrán de devorarse su pechuga y muslos en un rito canibalístico que tanto aborrecen los Vegan.
El fundamento de la celebración lejos de ser peregrino, aunque fueron éstos los que la adoptaron en el 1621 en Plymouth Rock, tiene que ver con el agradecimiento de los pueblos por la habilidad que aprovecharon para emprender y, con su esfuerzo, lograr los frutos con qué abastecer las necesidades de sus familias, algo por lo cual le dieron gracias a Dios. Esos celebran la Creación.
Algunos, por consideraciones de orden eclesiástico que dista del orden divino, le dan un significado a la ocasión que tiene mayor apego a la lucha de esos primeros colonizadores anglosajones de América por obtener la libertad de culto que les era negada en sus tierras de origen. Esos celebran la raíz misionera proselitista de la celebración.
Aquellos que tienen un paladar que se deleita con los sabores que posibilita el menú estacional le aprovechan para engullir los manjares que se sirven en la tradicional mesa de la celebración y que tiene como centro un pavo que, precisamente, en el idioma de los primeros pobladores de Plymouth Rock se llama turkey que no debe de confundirse con Turkey el país euroasiático que en castellano conocemos como Turquía. Estos celebran la sibarítica práctica milenaria de festejar las cosechas.
Unos, con una visión más comercial la catalogan y hasta aprovechan, como es el caso de la tienda Macy´s de Nueva York, como la oportunidad de dar inicio a la temporada de ventas navideñas con la tradicional parada por la Quinta Avenida de Nueva York. Esos celebran la posibilidad de lograr el lucro empresarial en el libre mercado.
Otros, que predican, aunque en raras ocasiones practican la famosa frase de Platón, “cuerpo sano en mente sana”, tras embucharse todo el pavo que cabe en su cavidad estomacal, se dedican a pasar horas ociosas frente a la televisión de plasma—que suele ser lo que le tienen que inyectar en caso de un paro cardiaco—viendo juego tras juego de eso que los norteamericanos juran y perjuran es fútbol pero que nada tiene que ver con el deporte que Pelé inmortalizó. Esos celebran la ocasión sin ninguna reflexión de orden arteriosclerótica.
Esta celebración, que ocurre el cuarto jueves de noviembre en los Estados Unidos de América—en Canadá se celebra el segundo lunes de octubre—del Día de Acción de Gracias o Día del Pavo es hoy celebrada en muchas otras jurisdicciones, entre éstas, en muchos de nuestros países latinoamericanos que ni tuvieron que ver con Plymouth Rock, ni tampoco con los anglosajones, pero que ha logrado germinar en muchos de nuestros conciudadanos regionales.
Aunque a los puristas, que en algunas partes se les conoce como nacionalistas esta celebración les produce, en el mejor de los casos una urticaria y, en el peor de los casos, un infarto, lo cierto es que esta fiesta hoy globalizada no es tan lejana ni desafiante a nuestras tradiciones iberoamericanas. De hecho, la primera fiesta de celebración, el primer Día de Acción de Gracias, celebrado en los Estados Unidos de América, según algunos historiadores, no es de raíz anglosajona. La primera cena de este tipo se celebró el ocho de septiembre de 1565—cincuenta y seis años antes de la cita de Plymouth Rock—en San Agustín, Florida.
En esa cena Pedro Menéndez de Avilés, el almirante español que reclamó a la Florida para la Corona Española antes que la cediera en el 1819 a los Estados Unidos de América y que los pueblos latinoamericanos la reclamaran como suya desde mediados del siglo pasado, compartió con los Timucua un potaje de frijoles no sabemos si fue porque no había pavos o porque como hiciera el Presidente Barack Obama, le perdonó la vida a un guanajo.
El significado de la celebración que protagonizó Pedro Menéndez de Avilés no es menor. De una parte, presenta una versión si bien menos publicitada más apegada a la realidad y lejos de arrebatarle a los anglosajones la autoría de tan significativa fecha es, precisamente, esta conmemoración la que nos da licencia más que poética, cultural y gastronómica para celebrar el Día de Acción de Gracias con un toque iberoamericano, con o sin frijoles y ¡Ole!
Qué importa si es un pavo, un guanajo, una pisca o un chumpipe. Ni si lo servimos con relleno de pan y frutos. Ni siquiera si el relleno es más ecléctico y, en vez de ternera, cerdo y res, tiene fufú, mangú, mofongo o bola de verde. Como tampoco debe extrañar que en vez de pavo escojamos un pernil de cerdo, un sancocho, un cocido o un asado de chivo. Ni tampoco si lo acompañamos con batatas, patatas o yuca. Amén de ¿por qué molestarse con una rajita de aguacate para acompañar un arroz con gandules? Y, por supuesto, nada que decir si en vez de tarta de calabazas preferimos un tembleque, un tres leches, un arroz con dulce o un turrón de Jijona.
A la postre, no importan todas las desviaciones, ni todos los reclamos que sobre esta fecha existan en este mundo globalizado. Ni tampoco que algunos, como bien apunta el agudo amigo, Juan Bancalari, quien dice que ésta es la fiesta de un santo, San Guivin, inventada por el capitalismo norteamericano para propiciar el consumo.
Lo primordial, aquello que tenemos que recordar, es que es una ocasión para que celebremos la familia—aquéllos seres queridos que están cerca, como los que no lo están y también aquéllos que ya no son—que atesoremos las amistades, que respetemos las diferencias y le demos gracias a Dios por todo lo que nos ha dado para que, con ello, podamos compartirlo con aquéllos que son menos afortunados. Por ello, hoy les deseo a todos que celebren la convivencia y la amistad ya sea con guanajo o con pavo, con batatas o con mofongo, porque lo que importa es que tengamos la posibilidad de, juntos, crear una mejor sociedad y para eso no deben faltar comensales.