MIAMI—La discusión estadística, particularmente aquella que emana de los economistas, suele ser tan densa como la niebla del alba particularmente si emana de los labios de aquellos ecónomos al servicio de la política que se destacan por utilizar las estadísticas para justificarlo todo creando un guiso linguístico que sólo ellos entienden y defienden.

No importa si son visionarios, pensadores, oradores, presentadores, presentados, disimuladores, aguajeros, constructores, destructores, diletantes, prometedores, pragmáticos, cumplidores, incumplidores, inconscientes, inútiles, inconsecuentes, altruistas, aprovechados, honestos, corruptos, facinerosos, fanáticos, transparentes, misteriosos, impenetrables, indiferentes, prudentes, imprudentes, irónicos, cínicos, masoquistas, sádicos, pacificadores, guerreros, redentores, asesinos, demócratas, autoritarios, dictadores, libertarios, anarquistas, represores, fascistas, socialistas, comunistas, estalinistas, trotskistas, jacobinos, teocráticos, indigenistas, ecologistas, fidelistas, chavistas, progresistas, reaccionarios, de derechas, de izquierdas, del centro. Da lo mismo.

Todos utilizan las estadísticas para sus propósitos desvirtuando la realidad en una discusión dialéctica que poca relación guarda con lo que siente en cuerpo y alma el pueblo. El desempleo tiene una taza. La pobreza también se mide. El Producto Interno Bruto también se contabiliza. El índice de precios al consumidor. La escolaridad. La mortalidad. La lista de todo aquello que se mide es interminable.

Pero desgraciadamente, nunca se miden las palabras. Por ello, algunos gobiernos hablan de más, otros de menos y unos pocos permanecen mudos al menos hasta el instante mágico en que identifican una oportunidad política. En ese momento en que el olfato les dice que el guiso está en condiciones para meter la cuchara suelen razonar, tanto aquello que se distingue por su lógica como lo otro no importa cuán absurdo sea pues, después de todo, las estadísticas sirven para todo.

Las muertes en las carreteras por accidentes automovilísticos son las estadísticas luctuosas que ocupan la atención del burócrata de turno que quiere probar su valía dictaminando, como por ejemplo ayer escuché a un carabinero en el noticiario de Chile TV decir que “este año hemos contabilizado veintidós muertes en accidentes…que al comparársele a las del año pasado muestran una mejoría”. La mejora, claro está, es estadística pues a ninguno de los familiares de los difuntos le va a parecer mejor pasar el resto de su vida sin la compañía de los seres queridos que perecieron trágicamente durante el fin de semana en que la burocracia chilena utiliza las estadísticas para proliferar que todo va bien.

Esa es la misma lógica que en otro tiempo y bajo otro régimen el sanguinario de Joseph Stalin utilizaba cuando dictaminaba que “una muerte es una tragedia y treinta mil muertos son una estadística”. Claro está, en un autócrata que exterminó, según estimados occidentales, más de treinta millones de ciudadanos de la antigua Unión Soviética que hoy es otra estadística que Alexander Putin trata de revivir, esa aseveración es permisible bajo la dialéctica socialista, como otras son hoy posibles bajo la dialéctica capitalista, sino…pregúntenle a los políticos de Wall Street, tras el descalabro de los últimos días y, de seguro, que podrán justificarlo todo con otro guiso estadístico.