SANTO DOMINGO—La figura de Ernesto Guevara de la Serna es, sin lugar a dudas, un ícono internacional que gana fuerza y presencia con cada año que pasa fortaleciendo una marca, la del Che, que todos, hasta los más recalcitrantes estalinistas, irónicamente capitalizan. Ahora, en vísperas de la celebración del octogésimo aniversario del natalicio del oriundo de Rosario se estrenan películas en Cannes, se develan estatuas y presentan libros en la Argentina y hasta se dictan cátedras universitarias aquí en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). ¡Sí, se dictan cátedras universitarias sobre la obra del Che! Y, ¿cuál fue la obra del Che?

Salvando las oleadas de odas que sobre este enigmático personaje se han producido a lo largo de los años la principal obra del Che ni fue revolucionaria, ni fue social, ni sirve de dialéctica para el nuevo socialismo, el de estirpe chavista, que ronda por lo ancho y ajeno de América Latina. El principal legado de la marca más conocida de la Argentina, como ha sido el de Andy Warhol, fue su capacidad de promoción y propaganda de su persona y el culto a la figura del Che. En una frase, el Che es un éxito de mercadeo. ¿Por qué? Porque fue dónde único logró éxito puesto que su postura sanguinaria y su sadismo interno sólo lo superaba su egocentrismo extremo.

Fracasó como revolucionario. Fracasó como médico. Fracasó como economista. Fracasó como reformista agrario. Fracasó en el Congo. Fracasó en Bolivia. Pero logró convertirse en una figura de inmensas proporciones a quien muchos, entre estas personas que por su formación, conocimientos e intelecto debían distinguir mejor entre el bien y el mal, le rinden pleitesías. Ni lo entiendo, ni lo comparto, ni puedo permanecer en silencio ante una conspiración tan monstruosa como ésta pues, en el fondo, el Che era un monstruo.

El mismo que promovió el paredón cubano. El que contribuyó a la esclavización del pueblo cubano que ya cuenta con casi medio siglo de dictadura castrista. El que sirve de guía espiritual del desenfrenado totalitarismo del Comandante Hugo Chávez Frías, quien busca por todos los medios de implantar el modelo cubano en Venezuela. El mismo que en el año 1964 en las Naciones Unidas reconoció públicamente los fusilamientos en Cuba. “Fusilamientos, sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte”, dijo el Che.

Por eso, el sábado 14 de junio, fecha del natalicio del doctor de la muerte no puedo celebrar la vida de esa figura, ni tampoco aplaudir a aquéllos que adulan o sirven de apologistas de una persona tan nefasta para nuestro hemisferio. Y, aunque tengo que reconocer su talento como auto promotor y propagandista de su propia imagen, no puedo compartir las odas de Mario Bennedetti en las que destaca que “sigue bregando dulce y tenaz por la dicha del hombre”, ni tampoco los panegíricos de Gabriel García Márquez, quien indicara que “me tomaría mil años y millones de páginas escribir la biografía de Ernesto “Che” Guevara”, ni las adulaciones de Benicio del Toro. ¿Dónde está el pensamiento crítico de aquéllos en condiciones de discernir entre si de la Serna fue bueno o malo, sin sentimentalismos, ni apego a una romántica noción de lo que es la palabra revolución? Solamente les pido, citando al Che, que “seamos realistas y hagamos lo posible”.