March 2008
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Posted by Rissig Licha on 29 Mar 2008 | Tagged as: Perspectiva, Blogs
MIAMI–¿Cuál es el precio de las cosas? Esa pegunta común que todos nos hacemos al valorar aquello que tenemos, ansiamos, necesitamos o no podemos vivir sin ello cobra mayor importancia para la economía, tanto la doméstica como la nacional, así como para la política, tanto la de precios como la de gobiernos y, definitivamente para el empresariado, tanto el productor como el comercializador, amén del pueblo consumidor, particularmente en tiempos de inestabilidad como el que vivimos hoy.
El precio de una cosa afecta otra y las políticas, tanto las activas de corte intervencionista, como las pasivas de actitud caracterizadas por el inhibicionismo y el respeto a las fuerzas del mercado, también tienen su efecto. Mi tío, padrino, gran sabio y guía, Pepín, siempre decía que el precio de las cosas “es el que alguien está dispuesto a pagar”. El problema, al menos en la experiencia actual que vivimos todos en América Latina es que los políticos, no todos, siempre tienen una visión contra natura que parte que desde el poder se puede manipular las cosas, entre ellas los precios, para beneficio electoral. Y, evidentemente, aquéllos que acuden a subsidios o a controles de precios afectan éstos.
Más sin embargo, no se dan cuenta que los subsidios o los precios irreales de las cosas se pagan, a la corta o a la larga, en endeudamientos u otros gastos. ¿Cómo así? Simple. Si subsidia, alguien termina pagando, tarde o temprano, el parto. Si controla, afecta, en el mejor de los casos las utilidades empresarias y, en el peor de los casos, la existencia misma de los productores y, con ello, las contribuciones que éstos hacen tanto al erario público como a la economía.
Por eso resulta curiosa la política intervencionista de algunos, en especial la de Cristina Fernández, presidenta de la Argentina quien, de un plumazo, ha provocado una seria confrontación con el campo argentino que se ha traducido en un desabastecimiento del orden de un 90 por ciento en carnes de res y pollo en un país esencialmente carnívoro. La acción de la señora de Kirchner de imponerle un impuesto de hasta un 40 por ciento a las exportaciones de granos ha provocado cacerolazos callejeros y cortes de carreteras.
Cacerola a cacerola, carentes de carne, la popularidad de la Fernández pasa por un momento magro, descarnándose a plena luz por querer lograr por la fuerza lo que ni Stalin, ni Fidel, ni muchos otros apóstoles del sistema intervencionista a ultranza del estado en todo, pudieron en sus momentos activar la producción nacional para satisfacer las demandas del pueblo. ¿Por qué cree la Fernández que ella podrá?
No sé. Pero la miopía política de aquéllos que quieren imponer por decreto la irracionalidad está encaminada a fallar. Pretender que la carne, el pollo, el trigo y el arroz cuesten menos cuando sus costes de producción van en alza es tan iluso como pensar que el Sol lo podemos tapar con la mano aún cuando sabemos de antemano que los rayos solares no hay quien los pare. Por eso, resulta un poco difícil contestar categóricamente ¿cuál es el precio de las cosas?, porque ya sea el real o el ficticio éstas siempre terminan costando lo mismo y, más si intervienen los políticos porque éstos nunca están dispuestos a pagar lo que las cosas cuestan. Y, por ello, a muchos les cuesta el puesto.
Posted by Rissig Licha on 27 Mar 2008 | Tagged as: Blogs
Posted by Rissig Licha on 24 Mar 2008 | Tagged as: Perspectiva
Posted by Rissig Licha on 14 Mar 2008 | Tagged as: Blogs
Posted by Rissig Licha on 10 Mar 2008 | Tagged as: Perspectiva
Posted by Rissig Licha on 08 Mar 2008 | Tagged as: Perspectiva