SANTO DOMINGO—En la política, por no decir en todas las facetas de la vida, se dicen muchas cosas que son verdad, unas que son medias verdades, otras que son tergiversaciones de la verdad y algunas que son absolutamente mentira. Algunas se dicen con mayor autoridad, unas con mejor articulación lingüística y otras con grandes carencias tanto de fondo como de forma. Las medias verdades, tergiversaciones de la verdad y las mentiras tarde o temprano afloran como lo que son: disimulaciones con alto costo para la credibilidad, convocatoria, respeto y margen de gobernabilidad de un líder. Pero más preocupante y menos entendible es el doble discurso de una especie de bilingüismo político que ha adoptado el presidente Leonel Fernández Reyna.

A nueve meses de las elecciones del 16 de mayo del 2008 el candidato oficialista a la reelección o tiene lapsos de memoria o quiere quedar bien con unos y otros y, a la postre, queda mal con todos. Veamos la retórica oficialista al ritmo del zigzag:

Un día, zig, el cacareo es por la eficiencia administrativa. El Gobierno es un gran recaudador de impuestos. ¡Tenemos superávit! En los primeros seis meses del año los recaudos, productos de cuatro reformas fiscales aumentando las contribuciones, se tradujeron en un superávit de RD$11,000 millones de pesos. Más de la mitad, RD$6,000 millones de pesos fueron asignados a la Presidencia de la República.

Al próximo día, zag. El pueblo paga demasiados impuestos. En medio de una copiosa y constante campaña proselitista a favor del pago de los marbetes y placas de los automóviles y a pocas semanas de haber enviado al Congreso un proyecto de rectificación fiscal bajando algunos impuestos, comparece ante la televisión acompañado por el secretario de Economía, Vicente Bengoa, y el director general de rentas internas (DGII) , Juan Hernández, cuál de los dos más incómodos al juzgar por su comportamiento corporal, para anunciar que los aumentos en estos tributos van a ser eliminados. Al finalizar su mensaje, un comercial de la DGII, pidiéndole al pueblo cotejar con el librito para que pueda informarse sobre cuánto y cómo pagar su marbete.

El tercer día, zig. Vamos a ser como Nueva York, vamos a tener un Metro. El Metro de Santo Domingo, con costos calculados en más de US$2 mil millones de dólares, va viento en popa. La inauguración de la obra de 13 kilómetros de vías se anticipa el próximo 27 de febrero.
Al cuarto día, zag. El Gobierno no tiene recursos para dedicarlos a la educación. Gran parte de los escasos recursos del Estado, según el presidente tienen que dedicarse al repago de la deuda pública que su antecesor, Hipólito Mejía, quien la dejó a niveles estratosféricos y, el gobierno suyo, proyecta más que duplicar. Mientras tanto, los estudiantes en las escuelas sin pupitres.

En el quinto día, zig. El clientelismo es un mal. Los gobiernos latinoamericanos están plagados por un gran mal, según el Presidente Fernández Reyna, que amenaza su eficiencia y mina su credibilidad: el clientelismo político. O, dicho de otra forma, la falta de un servicio civil profesional como es la tradición en otros países, principalmente, la Gran Bretaña.

Al sexto día, zag. Cambios en el equipo de Gobierno. Nuevos nombramientos, más de 45 en total, entre ellos un asesor gastronómico adscrito a la Presidencia. Y, los reemplazados, todos reubicados en otros cargos, muchos sin funciones, pero todos con remuneración.

En el séptimo día, gracias a Dios que el Creador lo destino al descanso pues el pueblo, aturdido, no sabe si va o viene por los vaivenes de un discurso público que, en el mejor de los casos, es contradictorio y en el peor de los casos es el peor ejercicio en simulación política que he presenciado en mucho tiempo. Lo triste es que el mismo es, a todas luces, una contradicción que se ha convertido en el modus operandi del presidente Leonel Fernández Reyna, una especie de bilingüismo de disimulación al ritmo de zigzag que pretende marear a un pueblo cara las elecciones del 2008.