Roberto Madrazo, el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), organización que dominó con un control férreo la política mexicana durante el siglo XX, no tiene la más remota posibilidad de ganar las elecciones presidenciales del próximo 2 de julio. Este año la pugna está entre Andrés López Obrador, el candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), una colectividad que surgiera a finales de los ochenta y Felipe Calderón, del oficialista Partido de Acción Nacional (PAN). Y si este último gana, en gran medida habrá de deberle su triunfo al factor Zedillo, sí, a Ernesto Zedillo, el mismo que tras resultar electo presidente bajo el estandarte del PRI abrió las posibilidades de un mayor pluralismo político en México.

En las postrimerías de la campaña mexicana los sondeos de opinión muestran una lucha tan cerrada que la diferencia entre López Obrador y Calderón se encuentra, desde hace semanas, dentro del margen de error estadístico. No obstante, en los últimos días un significativo repunte económico parece haberle dado mayores probabilidades al PAN no sólo a mantener el control de los Pinos, sino también de significativamente mejorar su posición en el Congreso mexicano.

Las fortunas del PAN, lejos de estar atadas a la gestión de Vicente Fox, quien en las elecciones del 2000, encabezando la papeleta de su partido, rompió la hegemonía que mantenía el PRI en el poder, están más ligadas a gestiones que se hicieron durante el sexenio de Zedillo, de 1994 al 2000 que a los aciertos y mejoras que se han logrado bajo Fox.

Zedillo, una figura de perfil mayormente tecnócrata, que sólo asume la candidatura presidencial en 1994, para sustituir al hoy desprestigiado Carlos Salinas de Gortari, tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio, fue el mismo que el día de las elecciones del 2000 se adelantó a felicitar a Fox por su triunfo aun cuando todavía no había sido oficialmente proclamado presidente. Eso le ganó sólo la enemistad y una concatenación de oprobios de parte de sus correligionarios.

Las políticas de Zedillo, quien manejó la peor crisis financiera en la historia de México, el tan sonado tequilazo, tuvo a su cargo también un sinnúmero de reformas de corte técnico que sirvieron para, con el tiempo, democratizar el mercado de financiamiento de viviendas y, con ello, la capacidad de un mayor número de mexicanos de ser dueños de sus propios hogares.

En momentos en que las bolsas de las principales economías del hemisferio se encuentran bajo fuertes presiones inflacionarias producto, entre otros factores, del incremento en el precio del petróleo, el mercado de viviendas mexicano puede seguir su crecimiento gracias a medidas iniciadas sin grandes aspavientos ni rimbombantes titulares durante el periodo presidencial de Zedillo.

En 1997, justo en el término medio de su sexenio, Zedilllo impulsó la creación compulsoria de un sistema de pensiones para todos los trabajadores empleados en el sector privado. Ese sistema de pensiones es hoy responsable de que la industria de la construcción mexicana, con su gran capacidad de empleo y efecto multiplicador sobre la economía nacional, se financie a tasas más bajas debido a que utiliza para ello pesos mexicanos, así facilitando la compra de propiedades a miles de familias.

Esa pieza tecnócrata, producto del gobierno zedillista, mantiene pujante a un sector de vital importancia para la salud de la economía mexicana con un resultante efecto positivo en la psiquis no sólo de los inversionistas que apoyan con sus fondos las ofertas de valores respaldados por hipotecas mexicanas, sino también de aquellos con capacidad para votar en las elecciones presidenciales que ante la pujanza económica van a pensarlo dos veces antes de votar por un cambio como el que propone López Obrador.

En días recientes, según Bloomberg, Zedillo, en su primer discurso en México tras haber abandonado los Pinos, se negó a comentar específicamente sobre los comicios electorales. Limitó sus comentarios a destacar que “todos los candidatos están de acuerdo que es necesario contar con estabilidad económica, por lo que hay razón para estar optimistas de que ese consenso dé pie a gobiernos con las políticas que se necesitan para propiciar un mejor desarrollo económico”.

Ese comentario hecho tras una exposición en la que estableció como sine qua non para un sólido y sostenible proyecto de desarrollo económico la existencia de seguridad jurídica –es decir, reglas claras para los inversionistas– está lejos de un endoso a la propuesta electoral del PAN, pero cerca de una negativa a favorecer el cambio del status quo.

Por ello, sin fanfarrias ni grandilocuentes expresiones y con el mismo corte tecnócrata con que manejó los destinos de la nación de Hidalgo, Zapata y Juárez, Zedillo, quien encabeza el centro para el estudio de la globalización de la Universidad de Yale, se hace sentir una vez más y, con ello, puede estar afectando, una vez más, el resultado de los comicios mexicanos.