October 2005

Monthly Archive

Miami no es el Congo, ¡Miami es mi casa!

Posted by Rissig Licha on 30 Oct 2005 | Tagged as: Perspectiva

Primero pasó Katrina, luego fue el turno de Rita y el pasado lunes le llegó la hora a Wilma –tres de los huracanes más devastadores en la historia, uno de los cuales, el último, tras pasarse un fin de semana en Cancún, todavía tiene sumida a buena parte de la Florida en la oscuridad– y eventos meteorológicos que en conjunto o por separado plantean el cuestionamiento de por qué la gente vive en Miami, en la boca de este corredor que todos los años –del 1 de junio hasta el 1 de diciembre– es testigo de más revoluciones que países latinoamericanos y de mayores amenazas que las que vocifera Castro o, más recientemente, Chávez contra el “imperio yanqui”.

La verdad es que este fenómeno demográfico peninsular es uno que supera cualquier argumento lógico. Día a día, trescientos sesenta y cinco al año, por varias décadas, mil personas mudan sus pertenencias y establecen su residencia en este estado, hoy el cuarto en población, pero avanzando, a todo paso, para desbancar a Nueva York y Texas en el segundo sitial después de California, que es el más populoso de la nación norteamericana, aun cuando para algunos sea tan desconocido como el Congo.

Juan Ponce de León fue uno de los primeros en llegar aquí, a la Florida, dejando atrás la gobernación de la isla de Puerto Rico para explorar el istmo en busca de la fuente de la juventud. Esa pionera excursión es la misma que miles de jubilados de los estados del norte buscan, sin la ilusión de encontrar la fuente de Juan, pero con la esperanza de poder jugar al menos nueve hoyos en uno de los miles y miles de campos de golf construidos de punta a punta de un estado que toma más de trece horas de carretera cruzar desde Cayo Hueso a Georgia o Alabama que son los que colindan con la Florida.

Los que no llegan por carretera llegan por mar. Algunos en lujosos cruceros transatlánticos con todos los placeres posibilitados por la abundancia de tarjetas de crédito que las instituciones financieras reparten como semillas en campo fértil para propiciar una sociedad de consumo sin igual en el planeta. Bal Harbour, Aventura Mall, The Falls, Dadeland, Merrick Park, The Shops at Sunset, Cocowalk, todos templos modernos abiertos a los fieles consumidores y a todos los conversos también para, individualmente o hasta colectivamente, censurar con su conducta a Marx –Karl, claro está– pero no a Groucho.

Otros, huyéndole a uno de los últimos reductos en los que Karl es más favorito que Groucho, vienen de un tiempo acá en balsas aunque en el pasado han sido flotillas completas de navíos de todo tipo las que han inundado el puerto de Miami, trayendo familiares y desconocidos a un exilio que por su punto de partida hoy aquéllos que en conjunto protagonizaron esa diáspora son conocidos como ”los marielitos”. Exiliados que, de inmediato, le salpicaron a la picaresca y al lenguaje la famosa frase de ”¡Ño, qué barato!” para referirse a las nuevas posibilidades de consumo con las que nunca antes habían soñado.

Otros, provenientes de una tierra que en la década de los setenta encontraba a Miami tan barato que se les bautizó como los ”dame dos” y que, a partir de la llegada de la revolución bolivariana a su tierra han tenido que llegar con las dos manos, una delante y la otra atrás, a un exilio indefinido, incierto y mucho más caro que un dos por uno, dándole otro contexto al uso de los frijoles negros que, para empezar, como embocadura, llaman caraotas, sin menosprecio de las otras que los guajiros salpican de comino.

Por eso sorprende a aquéllos otros que no saben un comino y tienen como punto de referencia cualquier superficialidad propia de la revista Hola, pero que a la hora de hablar sobre esta metrópolis excusan su ignorancia o, mejor dicho, su desconocimiento con una frase lisa y llanamente preñada de desprecio: “Para mí, Miami es el Congo”.

”¡Ño, caballero! ¡Qué barato!”. En realidad Miami no es el Congo. Miami es conga y salsa, merengue, bachata y reggaetón. No es flora y fauna por conocer. Es la flor y nata de la integración americana. Lo mejor de la sociedad anglosajona con todos sus derechos y deberes, pero con el sabor y la sazón de todas las riquezas de los pueblos latinoamericanos. No es algo foráneo. Es mangú, fufú y mofongo. No es la dimensión desconocida, sino el centro de las Américas. No es territorio de exploración. Es tierra de grandes establecimientos de marca como Tiffany’s, Neiman Marcus, Bloomingdales, Cartier, Saks, Tourneau, Macy’s y muchos otros establecimientos que todavía no llegan al Congo.

Miami es una ciudad que en las propias entrañas de su extensión geográfica construye más de sesenta mil unidades de viviendas para darles albergue a todos los que quieren disfrutar de todas las muchas bondades de una metrópolis que el Congo no verá en años luz. Por eso es que no veo el día en que, pese a Katrina, Rita, Wilma y todos los demás huracanes que lleguen a sus playas, pueda convencer, al menos a uno de esos seres que todavía no han descubierto lo que yo ya tengo en mi corazón, de que Miami, el Miami que sudo, lloro y extraño, no es el Congo. ¡Ño, Miami es mi casa!

A todo tren por la vía equivocada

Posted by Rissig Licha on 23 Oct 2005 | Tagged as: Perspectiva

A todo tren por la vía equivocada

Posted by Rissig Licha on 16 Oct 2005 | Tagged as: Perspectiva

Café a precios de caviar

Posted by Rissig Licha on 16 Oct 2005 | Tagged as: Perspectiva

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Posted by Rissig Licha on 09 Oct 2005 | Tagged as: Perspectiva

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Posted by Rissig Licha on 02 Oct 2005 | Tagged as: Perspectiva